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Editorial SAN PABLO
 
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Archivo del 03/11/2017

Evangelio del día: No a la hipocresía. Sólo el camino del amor conduce a Dios

Lucas 14,1-6 – XXX viernes tiempo ordinario: El camino que va del amor al conocimiento y al discernimiento, lleva a la santidad
Evangelio según San Lucas 14,1-6

Otra curación de Jesús en sábado: Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Delante de él había un hombre enfermo de hidropesía. Jesús preguntó a los doctores de la Ley y a los fariseos: “¿Está permitido curar en sábado o no?” Pero ellos guardaron silencio. Entonces Jesús tomó de la mano al enfermo, lo curó y lo despidió. Y volviéndose hacia ellos, les dijo: “Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su hijo o su buey, ¿acaso no lo saca en seguida, aunque sea sábado?” A esto no pudieron responder nada”. Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Jesús estaba en la casa de uno de los jefes de los fariseos para almorzar con ellos; y le observaban para ver qué hacía. Sobre todo buscaban encontrarle un error, incluso con trampas.

E irrumpe en la escena un hombre enfermo. En ese momento Jesús les dice a los fariseos: “¿Es lícito curar los sábados, o no?”. La pregunta de Jesús es una pregunta sencilla pero, como todos los hipócritas, callaron, no dijeron nada.

Pero lo demás callaban siempre cuando Jesús los ponía ante la verdad aunque después hablaban mal por detrás y buscaban cómo hacer caer a Jesús.

En concreto, esta gente estaba tan apegada a la ley que había olvidado la justicia; tan apegada a la ley que había olvidado el amor. Pero no sólo a la ley; estaban apegados a las palabras, a las letras de la ley..

Precisamente, este modo de vivir, apegados a la ley, les alejaba del amor y de la justicia: cuidaban la ley, descuidaban la justicia; cuidaban la ley, descuidaban el amor. Sin embargo, eran los modelos.

Pero Jesús, para esta gente, encuentra solamente una palabra: Hipócritas. No se puede ir por todo el mundo buscando prosélitos y luego cerrar la puerta.

Para el Señor se trataba de hombres cerrados, hombres muy apegados a la ley, a la letra de la ley: no a la ley, porque la ley es amor. Eran hombres que siempre cerraban las puertas de la esperanza, del amor, de la salvación; hombres que solamente sabían cerrar.

A este punto hay que preguntarse: ¿cuál es el camino para ser fieles a la ley sin descuidar la justicia, sin descuidar el amor?. La respuesta es precisamente el camino que viene de lo opuesto:

“Y en mi oración pido que el amor de ustedes crezca cada vez más en el conocimiento y en la plena comprensión, a fin de que puedan discernir lo que es mejor. Así serán encontrados puros e irreprochables en el Día de Cristo”. (Filipenses 1,9-10)

Es precisamente el camino contrario: del amor a la integridad, del amor al discernimiento, del amor a la ley. Pablo, en efecto, afirma que hay que rezar para que vuestra caridad, vuestro amor, vuestras obras de caridad os lleven al conocimiento y al pleno discernimiento.

Precisamente este es el camino que nos enseña Jesús, totalmente opuesto al camino de los doctores de la ley. Y este camino, del amor a la justicia, lleva a Dios.

Sólo el camino que va del amor al conocimiento y al discernimiento, a la realización plena, lleva a la santidad, a la salvación, al encuentro con Jesús… (Homilía en Santa Marta, 31 de octubre de 2014)

Diálogo con Jesús

Señor mío, te doy gracias por darme paz y alivio en tus Palabras y porque iluminas mi sendero de vida cuando se me agotan las esperanzas.

Te entrego mi corazón para que lo sanes y liberes de todo miedo y angustia que lo hace ponerse inseguros ante las situaciones del mundo.

Ayúdame a cuidarlo, para que cada una de las palabras que emergen de él, sean una completa alabanza para y de provecho para todos.

Que hable siempre con prudencia y caridad. Tú, como buen dador, te acercas a mis dolores, eres el primero en auxiliarme y curar las heridas de mi alma.

Fijo la mirada desde ahora en Ti, en el Amor que proviene de tu sacrificio divino en la Cruz, en el consuelo y sanación de tus palabras de esperanzas.

Quiero transformarme por Ti y para Ti, transformarme en un discípulo amado que sepa aliviar las necesidades de los otros con compasión

No puedo decir que te amo sino amo a los que sufren, tampoco puedo poner la Ley o días de descansos por encima del sufrimiento de mi prójimo.

Tu ley de amor es universal, y esta ley es la del amor, de la caridad, una ley que sobrepasa mis sentidos y me hace más merecedor de ser tu hijo. Amén

Propósito para hoy

Ofreceré 1 Rosario por la conversión de aquellos amigos o amigas que me han dado la espalda sólo porque decidí seguir al Señor.

Frase de reflexión

“Cuando nos inunda el amor de Dios, la vida adquiere otro sabor”. Papa Francisco

Evangelio del día: No a la hipocresía. Sólo el camino del amor conduce a Dios

Lucas 14,1-6 – XXX viernes tiempo ordinario: El camino que va del amor al conocimiento y al discernimiento, lleva a la santidad
Evangelio según San Lucas 14,1-6

Otra curación de Jesús en sábado: Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Delante de él había un hombre enfermo de hidropesía. Jesús preguntó a los doctores de la Ley y a los fariseos: “¿Está permitido curar en sábado o no?” Pero ellos guardaron silencio. Entonces Jesús tomó de la mano al enfermo, lo curó y lo despidió. Y volviéndose hacia ellos, les dijo: “Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su hijo o su buey, ¿acaso no lo saca en seguida, aunque sea sábado?” A esto no pudieron responder nada”. Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Jesús estaba en la casa de uno de los jefes de los fariseos para almorzar con ellos; y le observaban para ver qué hacía. Sobre todo buscaban encontrarle un error, incluso con trampas.

E irrumpe en la escena un hombre enfermo. En ese momento Jesús les dice a los fariseos: “¿Es lícito curar los sábados, o no?”. La pregunta de Jesús es una pregunta sencilla pero, como todos los hipócritas, callaron, no dijeron nada.

Pero lo demás callaban siempre cuando Jesús los ponía ante la verdad aunque después hablaban mal por detrás y buscaban cómo hacer caer a Jesús.

En concreto, esta gente estaba tan apegada a la ley que había olvidado la justicia; tan apegada a la ley que había olvidado el amor. Pero no sólo a la ley; estaban apegados a las palabras, a las letras de la ley..

Precisamente, este modo de vivir, apegados a la ley, les alejaba del amor y de la justicia: cuidaban la ley, descuidaban la justicia; cuidaban la ley, descuidaban el amor. Sin embargo, eran los modelos.

Pero Jesús, para esta gente, encuentra solamente una palabra: Hipócritas. No se puede ir por todo el mundo buscando prosélitos y luego cerrar la puerta.

Para el Señor se trataba de hombres cerrados, hombres muy apegados a la ley, a la letra de la ley: no a la ley, porque la ley es amor. Eran hombres que siempre cerraban las puertas de la esperanza, del amor, de la salvación; hombres que solamente sabían cerrar.

A este punto hay que preguntarse: ¿cuál es el camino para ser fieles a la ley sin descuidar la justicia, sin descuidar el amor?. La respuesta es precisamente el camino que viene de lo opuesto:

“Y en mi oración pido que el amor de ustedes crezca cada vez más en el conocimiento y en la plena comprensión, a fin de que puedan discernir lo que es mejor. Así serán encontrados puros e irreprochables en el Día de Cristo”. (Filipenses 1,9-10)

Es precisamente el camino contrario: del amor a la integridad, del amor al discernimiento, del amor a la ley. Pablo, en efecto, afirma que hay que rezar para que vuestra caridad, vuestro amor, vuestras obras de caridad os lleven al conocimiento y al pleno discernimiento.

Precisamente este es el camino que nos enseña Jesús, totalmente opuesto al camino de los doctores de la ley. Y este camino, del amor a la justicia, lleva a Dios.

Sólo el camino que va del amor al conocimiento y al discernimiento, a la realización plena, lleva a la santidad, a la salvación, al encuentro con Jesús… (Homilía en Santa Marta, 31 de octubre de 2014)

Diálogo con Jesús

Señor mío, te doy gracias por darme paz y alivio en tus Palabras y porque iluminas mi sendero de vida cuando se me agotan las esperanzas.

Te entrego mi corazón para que lo sanes y liberes de todo miedo y angustia que lo hace ponerse inseguros ante las situaciones del mundo.

Ayúdame a cuidarlo, para que cada una de las palabras que emergen de él, sean una completa alabanza para y de provecho para todos.

Que hable siempre con prudencia y caridad. Tú, como buen dador, te acercas a mis dolores, eres el primero en auxiliarme y curar las heridas de mi alma.

Fijo la mirada desde ahora en Ti, en el Amor que proviene de tu sacrificio divino en la Cruz, en el consuelo y sanación de tus palabras de esperanzas.

Quiero transformarme por Ti y para Ti, transformarme en un discípulo amado que sepa aliviar las necesidades de los otros con compasión

No puedo decir que te amo sino amo a los que sufren, tampoco puedo poner la Ley o días de descansos por encima del sufrimiento de mi prójimo.

Tu ley de amor es universal, y esta ley es la del amor, de la caridad, una ley que sobrepasa mis sentidos y me hace más merecedor de ser tu hijo. Amén

Propósito para hoy

Ofreceré 1 Rosario por la conversión de aquellos amigos o amigas que me han dado la espalda sólo porque decidí seguir al Señor.

Frase de reflexión

“Cuando nos inunda el amor de Dios, la vida adquiere otro sabor”. Papa Francisco

Evangelio del día: Juicio final: Ser juzgado por Dios en el amor

Mateo 25,31-46 – Conmemoración de los Fieles Difuntos: Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo
Evangelio según San Mateo 25,31-46

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El Juicio Final: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”. Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?” Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. Luego dirá a los de la izquierda: “Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron”. Estos, a su vez, le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?” Y él les responderá: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo”. Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna”. Palabra del Señor.

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Reflexión del Papa Francisco:

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El tiempo de espera de la llegada del Señor es el tiempo que Él se nos da, con misericordia y paciencia, antes de su llegada final, tiempo de la vigilancia; tiempo en que tenemos que mantener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad, donde mantener abierto nuestro corazón a la bondad, a la belleza y a la verdad; tiempo que hay que vivir de acuerdo a Dios, porque no conocemos ni el día, ni la hora del regreso de Cristo…

Lo que se nos pide es estar preparados para el encuentro: preparados a un encuentro, a un hermoso encuentro, el encuentro con Jesús, que significa ser capaz de ver los signos de su presencia, mantener viva nuestra fe, con la oración, con los Sacramentos, estar atentos para no caer dormidos, para no olvidarnos de Dios.

La vida de los cristianos dormidos es una vida triste, ¿eh?, no es una vida feliz. El cristiano debe ser feliz, la alegría de Jesús… ¡No se duerman!

La espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción. Nosotros somos el tiempo de la acción, tiempo para sacar provecho de los dones de Dios, no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los otros, tiempo para tratar siempre de hacer crecer el bien en el mundo…

Es importante no encerrarse en sí mismos, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, tener cuidado de los demás.

En el juicio final, el Señor será el pastor que separa las ovejas de las cabras. A la derecha se sitúan los que han actuado de acuerdo a la voluntad de Dios, que han ayudado al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, el enfermo, el encarcelado, el extranjero… Mientras que a la izquierda están los que no han socorrido al prójimo.

Esto nos indica que seremos juzgados por Dios en la caridad, en cómo lo hemos amado en los hermanos, especialmente los más vulnerables y necesitados…

No tengamos nunca miedo de mirar el juicio final; que ello nos empuje en cambio a vivir mejor el presente. Dios nos ofrece con misericordia y paciencia este tiempo para que aprendamos cada día a reconocerlo en los pobres y en los pequeños, para que nos comprometamos con el bien y estemos vigilantes en la oración y en el amor.

Que el Señor, al final de nuestra existencia y de la historia, pueda reconocernos como siervos buenos y fieles. Gracias. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 24 de abril de 2013, Audiencia general, plaza de San Pedro)

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Oración de Sanación

Señor, a caminar con valentía ante los nuevos desafíos que me va presentando la vida sabiendo que Tú intervienes en cada paso que doy.

Necesito que tu amor me acompañe con todas tus fuerzas para así asumir mis compromisos con valor y entusiasmo. Tú eres el motor de mi corazón.

Toma mis manos, prepáralas para la atención y el servicio. Como dijo San Juan de la Cruz: “en el atardecer de la vida seremos juzgados en el amor”.

Aquí me tienes Señor, quiero servirte con amor, ver tu rostro en los más necesitados y hacerles sentir tu cercanía y tu apoyo incondicional.

Para no fallarte, necesito de tu poder sanador, ser fiel a tus mandatos y estar lleno de tu bondad para poder irradiar esperanza y consuelo.

Sólo Tú, Dios de mi vida, llenas de pureza mi alma. Obras son amores, y quiero que mis obras sean en el mejor regalo de amor que pueda ofrecerte.

Gracias por tu actuación poderosa en mi vida, por darme parte de tu Gloria y por dirigir mis pasos con sabiduría. Quédate siempre cerca de mí.

Cuento con tu bendición y tu gracia que me bastan para entregar tu amor a todos los demás. Confío en tu poder hoy, mañana y siempre. Amén

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Propósito para hoy

Cumpliré con mis responsabilidades con alegría y sin quejarme si me asignan algo que parece injusto.

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Frase de reflexión

“Se me parte el corazón cuando pienso en los niños de Irak. Que la Virgen María, nuestra Madre, los proteja”. Papa Francisco