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Editorial SAN PABLO
 
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Evangelio del día: Ama a Dios con el corazón, alma, mente y todas tus fuerzas

Marcos 12,28b-34 – IX jueves tiempo ordinario: No se puede amar a Dios sin amar al prójimo, y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios
Evangelio según San Marcos 12,28-34

Ama a tu prójimo como a ti mismo: “En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús respondió: “El primero es: “Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay ningún mandamiento mayor que éstos”. El escriba replicó: “Muy bien, Maestro, tienes razón, cuando dices que el Señor es uno único y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios.” Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco:

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El Evangelio nos recuerda que toda la Ley divina se resume en el amor a Dios y al prójimo [...] Algunos fariseos se pusieron de acuerdo para poner a Jesús a una prueba. Uno de ellos, un doctor de la Ley le dirigió esta pregunta: “¿Maestro, en la Ley cual es el gran mandamiento?”.

Jesús, citando el Libro del Deuteronomio respondió:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento”

Y podría haberse detenido aquí. En cambio Jesús añade algo que no había sido solicitado por el doctor de la ley: Dice de hecho:

“El segundo, después, es similar a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Tampoco este segundo mandamiento es inventado por Jesús, pero lo toma del Libro del Levítico.

La novedad consiste justamente en poner juntos estos dos mandamientos (el amor de Dios y el amor por el prójimo) revelando que estos son inseparables y complementarios, son dos caras de una misma medalla.

No se puede amar a Dios sin amar al prójimo, y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios. El papa Benedicto nos ha dejado un hermoso comentario sobre esto en su primera encíclica Deus Caritas Est. (núms. 16-18)

[...] El mandamiento del amor a Dios y al prójimo es el primero, no porque está encima de la lista de los mandamientos. Jesús no lo pone encima, pero en el centro, porque del corazón todo tiene que partir y al cual todo tiene que retornar y hacer referencia.

Ya en el Antiguo Testamento, la exigencia de ser santos, a imagen de Dios que es santo, incluía también el deber de tomarse cuidado de las personas más débiles, como el extranjero, el huérfano, la viuda.

Jesús lleva a cumplimiento esta ley de alianza, Él que une en sí, en su carne, la divinidad y la humanidad, en un mismo misterio de amor.

Así, a la luz de esta palabra de Jesús, el amor es la medida de la fe, y la fe es el alma del amor. No podemos separar más la vida religiosa, la vida de piedad del servicio a los hermanos, a aquellos hermanos concretos que encontramos.

No podemos más dividir la oración y el encuentro con Dios en los sacramentos, de escuchar al otro, de la proximidad a su vida, especialmente de sus heridas.

Acuérdense de esto: el amor es la medida de la fe. ¿Cuánto me amas tu? Y cada uno se de la respuesta. ¿Cómo es tu fe? Mi fe es como yo amo. Y la fe es el alma del amor. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 26 de octubre de 2014)

Oración de Sanación

Mi Señor, gracias por la vida y por el amor. Gracias por tu confianza y por darle la fuerza a mi corazón para tomar acciones valientes capaces de enfrentar circunstancias de la vida con firmeza y decisión.

Que importante es escuchar tu Palabra con mucha atención y ponerla en práctica. Construir mi vida en base a ella y sin vacilaciones me llevará por caminos seguros y de salvación

Quiero amarte con todas las fuerzas de mi alma, de mi mente y corazón; pero, ¿cómo podré decir validar mi amor hacia Ti si aún existen resentimientos y emociones negativas en mi corazón hacia los demás?

Ayúdame, Oh Dios mío, a desprenderme de esas malas emociones que impiden el crecimiento de mi alma y no la dejan volar en libertad hacia tu presencia que reconforta y da la paz.

Tu amor y tu amistad se manifiestan en la ayuda mutua y desinteresada que nos debemos tener los unos por los otros. Por eso, hoy te confieso como mi fiel amigo, ese que me guía a descubrir en los otros el verdadero amor.

Quiero que mis pensamientos tengan de guía tu Palabra, porque a través de ella es que podré darle orden a mi vida y son las que me encaminan por sendas verdaderas de amor y compromiso.

Con tu gracia, te pido que me libres de mis egoísmos y hagas crecer mis habilidades para usarlas en favor de mi alma y conducir a otros hacia Ti.

Confío en tu ayuda fiel, en que inclinas tu oído hacia y escuchas mis ruegos, y confío en la fuerza que me das a diario para enfrentar mis batallas. Amén

Propósito del día

Rezaré la Coronilla de la divina misericordia por la conversión de los pecadores, en especial por la conversión de mi corazón

Frase de reflexión

“Dejémonos guiar con docilidad por el Espíritu Santo para no equivocarnos de camino y no caer en la cerrazón del corazón”. Papa Francisco

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