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Editorial SAN PABLO
 
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Evangelio del día: sólo la justicia de Dios nos puede salvar, no el ojo por ojo

Mateo 5,38-42 – XI lunes tiempo ordinario: Si en nuestro corazón no hay misericordia, la alegría del perdón, no estamos en comunión con Dios

Evangelio según San Mateo 5,38-42

No pagar mal por mal: “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Discípulos: Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente». Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

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Nosotros presumimos que somos justos, y juzgamos a los demás. Juzgamos también a Dios, porque pensamos que debería castigar a los pecadores, condenarlos a muerte, en lugar de perdonar.

¡Entonces sí que corremos el riesgo de permanecer fuera de la casa del Padre! Como ese hermano mayor de la parábola, que en lugar de estar contento porque su hermano ha vuelto, se enoja con el padre que lo ha recibido y hace fiesta.

Si en nuestro corazón no hay misericordia, la alegría del perdón, no estamos en comunión con Dios, incluso si observamos todos los preceptos, porque es el amor el que salva, no la sola práctica de los preceptos.

Es el amor por Dios y por el prójimo lo que da cumplimiento a todos los mandamientos. Y esto es el amor de Dios, su alegría, perdonar. Nos espera siempre. Quizá alguien tiene en su corazón algo grave, pero he hecho esto, he hecho aquello, Él te espera, Él es Padre. Siempre nos espera.

Si nosotros vivimos según la ley del ojo por ojo, diente por diente, jamás salimos de la espiral del mal. El demonio es astuto, y nos hace creer que con nuestra justicia humana podemos salvarnos y salvar al mundo.

En realidad, ¡sólo la justicia de Dios nos puede salvar! Y la justicia de Dios se ha revelado en la Cruz: la Cruz es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre este mundo.

¿Cómo nos juzga Dios? ¡Dando la vida por nosotros! He aquí el acto supremo de justicia que ha vencido de una vez para siempre al Príncipe de este mundo; y este acto supremo de justicia es precisamente también el acto supremo de misericordia. Jesús nos llama a todos a seguir este camino:

Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso“ (Lc 6, 36).

Yo les pido una cosa ahora. En silencio, todos, pensemos, cada uno piense, en una persona con la que no estamos bien, con la cual estamos enojados y que no la queremos.

Pensemos en esa persona y en silencio en este momento oremos por esta persona. Y seamos misericordiosos con esta persona. ( Homilía en Santa Marta, 15 de septiembre de 2014)

Oración de Sanación

Adorado Jesús, tu justicia no es como la nuestra, no se mide en un tribunal terreno y escapa de todo razonamiento y lógica humana.

Frente al sentimiento de venganza me propones la nueva ley del perdón, la comprensión y la oportunidad de sanar un corazón herido.

Me invitas a cerrar el círculo del odio, no sólo a poner mi otra mejilla, sino además, ofrecer a mis perseguidores y difamadores el incentivo del amor

Debo aprender a seguir tus pasos y practicar tus obras, que calmaban a las almas violentas con el ejemplo de tu bondad y de tu perdón.

Dondequiera que vaya, quiero ser instrumento de tu paz, aprender a soportar la agresividad presente en el mundo y encararla con la mansedumbre.

Líbrame, Señor mío, de todo instinto de venganza, de la ira y pasiones desordenadas que me enceguecen y me hacen responder con mal al mismo mal.

Sáname Señor, quiero desterrar de mi corazón el rencor, el egoísmo y la soberbia, y para ello, necesito de tu gracia y la fuerza de tu amor.

Ayúdame a ser manso y compasivo con los demás, a servirte en Espíritu y Verdad, a optar por el amor y no moverme por la acción del dolor. Amén.

Propósito para hoy

Hoy, voy a pedir por todos aquellos que ocupan puestos con responsabilidad en el ámbito político, económico y social, para que Dios sane sus pensamientos y emociones.

Frase de reflexión

“La verdadera caridad es un poco atrevida: no tengamos miedo a ensuciarnos las manos para ayudar a los más necesitados”. Papa Francisco

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