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Editorial SAN PABLO
 
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Encuentro Nacional de Animadores Bíblicos en Perú

Durante una intensa semana de formación, evaluación y oración, se reunieron por segunda oportunidad 32 animadores bíblicos de diferentes diócesis del Perú, a fin de renovar su llamado en el servicio a todas las pastorales que hacen vida en nuestra Iglesia.

Desde el 14 hasta el 17 de mayo representantes de Huancayo, Cusco, Lurin, Huánuco, Piura, Chulucanas, Chimbote, Vicariato de San José y Lima, estuvieron profundizando en temas que les permitirán seguir cumpliendo su importante misión de promover en la comunidad cristiana, la lectura, interpretación, meditación, actualización, celebración y sobre todo, anuncio de la Palabra de Dios, raíz y motor de toda la Iglesia.

Con la compañía cercana de Monseñor Neri Menor Vargas, OFM, presidente de la Comisión de Animación Bíblica y Catequesis de la Conferencia Episcopal Peruana, institución organizadora del encuentro, y la de Monseñor Javier Travieso, obispo de la Diócesis de San José del Amazonas; las jornadas formativas fueron de mucho provecho al promover la Palabra como centro de toda acción eclesial.

De la mano de los ponentes, el Padre Eduardo Arens, Biblista Peruano, Padre Alberto Scalenghe, SSP, Padre Martín Cipriano, sacerdote salesiano, Lic. Ana Tenorio Asesora salesiana de catequesis, se desarrollaron temas sobre la animación bíblica como vida y misión de la Iglesia, la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia en sus dos dimensiones: Celebración y pastoral, además de reflexionar sobre la Palabra de Dios y compromiso en el mundo.

La eucaristía de clausura, presidida por Mons. Neri, sirvió de renovación y envío al compromiso de impulsar y promover la Palabra de Dios como vida y misión de la Iglesia. Junto a sus certificados de asistencia, recibieron las conclusiones del encuentro que les impone una gran tarea: implementar la animación bíblica en sus diócesis con propuestas organizativas y estructuradas.

Con renovado ardor e inspirados por el Espíritu Santo, autor de la Palabra, concluyeron este encuentro de renovación y transformación en “otro Cristo”, así como Pablo decir: “no vivo yo, sino que es Cristo que vive en mí” (Gal 2,20).

Cristo no es un simple “gurú” de la vida moral sino el Hijo de Dios

El Cardenal Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos de la Santa Sede, destacó recientemente que los misioneros que arriesgaron su vida para evangelizar Japón no anunciaron a Cristo como “un hombre extraordinariamente sabio o un gurú de la vida moral o un promotor del bienestar social”, sino como “el Hijo de Dios”.

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Imagen referencial. Foto: David Ramos / ACI Prensa.

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Según recoge la agencia vaticana Fides, en su homilía de la Eucaristía celebrada el 19 de septiembre en Nagasaki, el Cardenal Filoni destacó que los misioneros que llegaron a Japón siglos atrás estaban preparados para entregar su vida para comunicar a los pobladores del país “el misterio de Jesús, el Hijo de Dios, que ofrece su vida para redimir al hombre de su soledad existencial, de la pobreza del pecado y la esclavitud que lo humilla”.

Las misiones a Japón comenzaron con San Francisco Javier, santo jesuita, en el siglo XVI. Los misioneros, primero jesuitas y luego franciscanos, enfrentaron grandes dificultades e incluso persecución y martirio a manos de los líderes políticos y religiosos de la región.
El Cardenal Filoni advirtió en su homilía que “hoy vemos un peligro, es decir el de relativizar tanto la misión de la Iglesia de traer el Evangelio, como la misma persona de Cristo. Por ejemplo, se prefiere hablar de Cristo como un sabio que muestra una regla de vida justa, o una buena persona que ayudaba a los pobres y marginados de la sociedad de su época”.

Al presentar la figura de Cristo “como un filántropo humano”, dijo el Cardenal, “se corre el peligro de percibir la misión de la Iglesia como una gran organización humanitaria mundial”.

“Si reflexionamos sobre la historia de más de cuatro siglos después de la llegada de Francisco Javier a Kagoshima, comprendemos que para este gran misionero anunciar el nombre de Jesús en Japón respondía al profundo deseo de traer a esta tierra el anuncio del amor y la compasión de Dios, porque el pueblo japonés, aunque noble y educado, estaba desprovisto de la revelación de Dios”, señaló.

“Hoy también estamos llamados a una gran misión a través de esta humanidad pobre, sufriente y humillada por el odio, la envidia, el aborto, las guerras más atroces, la violencia contra los pobres, la droga, la dependencia mortal del éxito y del dinero”, destacó.