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Editorial SAN PABLO
 
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Evangelio del día: Nadie conoce el día ni la hora del juicio final

Lucas 12,35-38 – XXIX martes tiempo ordinario: Hay que estar atentos para no caer dormidos, para no olvidarnos de Dios
Evangelio según san Lucas 12,35-38

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Estén preparados para la venida de Dios: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada. Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo. Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así”. Palabra del Señor.

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Reflexión del Papa Francisco

papa francisco de perfil

El Esposo es el Señor, y el tiempo de espera de su llegada es el tiempo que Él se nos da, con misericordia y paciencia, antes de su llegada final, tiempo de la vigilancia; tiempo en que tenemos que mantener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad, donde mantener abierto nuestro corazón a la bondad, a la belleza y a la verdad; tiempo que hay que vivir de acuerdo a Dios, porque no conocemos ni el día, ni la hora del regreso de Cristo.

Lo que se nos pide es estar preparados para el encuentro: preparados a un encuentro, a un hermoso encuentro, el encuentro con Jesús, que significa ser capaz de ver los signos de su presencia, mantener viva nuestra fe, con la oración, con los Sacramentos, estar atentos para no caer dormidos, para no olvidarnos de Dios.

La vida de los cristianos dormidos es una vida triste, ¿eh?, no es una vida feliz. El cristiano debe ser feliz, la alegría de Jesús… No se duerman

Un cristiano que se encierra dentro de sí mismo, que oculta todo lo que el Señor le ha dado… es un cristiano… no es un cristiano. Es un cristiano que no agradece a Dios todo lo que le ha dado.

Esto nos dice que la espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción. Nosotros somos el tiempo de la acción, tiempo para sacar provecho de los dones de Dios, no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los otros, tiempo para tratar siempre de hacer crecer el bien en el mundo.

Y sobre todo hoy, en este tiempo de crisis, es importante no encerrarse en sí mismos, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, tener cuidado de los demás.

No entierren los talentos. Apuesten por grandes ideales, los ideales que agrandan el corazón, aquellos ideales de servicio que harán fructíferos sus talentos.

La vida no se nos ha dado para que la conservemos celosamente para nosotros mismos, sino que se nos ha dado, para que la donemos. (Catequesis, audiencia general. 24 de abril de 2013)

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Oración de Sanación

Padre, acudo ante Ti para que me bendigas y hagas fluir dentro de mí solo emociones de fe y entusiasmo que me permitan alcanzar mi felicidad.

Tú tienes compasión de todos, nos ofreces maravillas y nos defiendes frente a aquellos quienes intentan poner la ley por encima de las necesidades

Ten misericordia de mí que, a veces, actúo con indiferencia ante las necesidades de otros, y pierdo de vista la compasión que me has enseñado.

Debo estar preparado como lámpara encendida, con un corazón que arda bajo el fuego de tus deseos. Ayúdame a vivir obrando el bien a toda hora.

Concédeme la valentía de no encerrarme en mis intereses personales y saber salir al encuentro de los que tienen sed y hambre de Ti y de tu justicia.

Toca mi corazón, libéralo de ese miedo que no me permite ser el auxilio misericordioso para los demás. Confío en tu poder y en que todo lo puedes.

Cuento con tu alegría que me impulsa a realizar las tareas más duras con entera paz y serenidad. Todo te lo entrego en tus manos.

Tu amor me ha seducido, tus promesas me llenan de esperanzas. Jamás quiera mi alma separarse de la alegría que proviene de tu amor. Amén

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Propósito para hoy

En algún momento del día, me distanciaré un poco de todos, para conversar con Dios sobre los problemas personales que me tienen preocupado.

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Frase de reflexión:

“Cuánto bien podemos hacer con el buen ejemplo y cuánto mal con la hipocresía”. Papa Francisco

Evangelio del día: Acumular riquezas no asegura la salvación

Lucas 12,13-21 – XXIX lunes tiempo ordinario: El que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios, perece.
Evangelio según san Lucas 12,13-21

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El peligro de acumular riquezas: En aquel tiempo, uno de la multitud le dijo a Jesús: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Jesús le respondió: “Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?” Después les dijo: “Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”. Les dijo entonces una parábola: “Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha”. Después pensó: “Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”. Pero Dios le dijo: “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?” Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios”. Palabra del Señor.

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Reflexión del Papa Francisco

papa francisco de perfil cruz al fondo

Acumular es precisamente una cualidad del hombre, y que hacer las cosas y dominar el mundo también es una misión. Y ésta es la lucha de cada día: cómo administrar las riquezas de la tierra bien, para que estén orientadas al Cielo y se conviertan en riquezas del Cielo.

Hay una cosa que es verdadera, cuando el Señor bendice a una persona con las riquezas: lo hace administrador de aquellas riquezas para el bien común y para el bien de todos, no para el propio bien.

Y no es fácil convertirse en un administrador honrado, porque existe siempre la tentación de la avidez, de ser importante.

El mundo te enseña esto y nos lleva por este camino. Pensar en los demás, pensar que lo que yo tengo está al servicio de los demás y que nada de lo que tengo me lo podré llevar conmigo.

Pero si yo uso lo que el Señor me ha dado para el bien común, como administrador, esto me santifica, me hará santo.

Nosotros oímos con frecuencia las tantas excusas de las personas que pasan la vida acumulando riquezas. Por nuestra parte todos los días debemos preguntarnos: “¿Dónde está tu tesoro? ¿En las riquezas o en esta administración, en este servicio para el bien común?”

Es difícil, es como jugar con el fuego. Tantos tranquilizan su propia conciencia con la limosna y dan lo que les sobra a ellos. Ese no es administrador: el administrador toma para sí de lo que sobre y, como servicio, da todo a los demás.

Administrar la riqueza es un despojarse continuamente del propio interés y no pensar que estas riquezas nos darán la salvación.

Acumular sí, está bien; tesoros sí, está bien, pero aquellos que tienen precio, digámoslo así, en la bolsa del Cielo. ¡Allí, acumular allí!. (Homilía en Santa Marta. 19 de junio de 2015)

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Oración de Sanación

Señor, deseo desde hoy poner mi confianza sólo en Ti, ya que sólo Tú puedes ayudar a desprenderme de los bienes terrenos que son pasajeros.

Dame la voluntad de poder dominar mis pasiones y anhelos superficiales. Que nada ni nadie logre dominar y encerrar mi corazón en el egoísmo.

Quiero que seas Tú mi único Dios, no el engañoso y tentador dios del dinero. Sana mi corazón de esa idolatría de querer por tener, de poseer por gozar.

Deseo que el Espíritu de generosidad habite en mí. Te encomiendo todos mis proyectos para que a través de ellos pueda servirte y honrarte

De Ti me viene la gracia para seguir buscando compromisos verdaderos que me lleven a la salvación y porque sé que contigo todo lo puedo superar.

“Señor, no me des pobreza ni riqueza, dame lo necesario, no sea que, al sentirme satisfecho, reniegue y diga: “¿Quién es el Señor?”, o que, siendo pobre, me ponga a robar y atente contra el nombre de mi Dios” (Proverbios 30,8-9)

Todo lo que soy a Ti te lo debo, por eso, todo te lo entrego en tus manos, confiando en que me ayudarás a superar barreras por medio de tu poder.

Tú eres mi escudo, mi coraza protectora, mi verdad, mi luz y mi mejor arma contra toda emoción egoísta que intente separarme de Ti. Amén

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Propósito para hoy

Ayunar del uso ocioso de mi celular y otros aparatos electrónicos para dedicar un tiempo adicional a la oración

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Frase de reflexión

“Ningún anciano debe estar exiliado de nuestra familia. Los ancianos son un tesoro para la sociedad”. Papa Francisco

Evangelio del día: María Madre de esperanza nos sostiene en tiempos de oscuridad

Lucas 1,26-38 – Fiesta de María, Reina del Universo: María nos sostiene en los momentos de oscuridad, de dificultad, de derrota aparente
Evangelio según San Lucas 1,26-38

 

La anunciación: En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dio. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?” El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”. María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el Ángel se alejó” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

papa francisco rostro pensnado estatua virgen maria

María se convierte en discípula y madre de su Hijo en el momento que acoge las palabras del Ángel y dice: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Este “hágase en mí” no es sólo aceptación, sino también apertura al futuro: ¡es esperanza! ¡Este “hágase en mí” es esperanza!

María es Madre de esperanza.

María no sabía cómo podía ser madre, pero se confió totalmente al misterio que iba a cumplirse, y se ha convertido en la mujer de la espera y de la esperanza.

María es consciente de cómo la misión y la identidad de aquel Hijo, que se hizo Maestro y Mesías, supera su ser madre y al mismo tiempo puede generar temor, así como las palabras de Simeón y su profecía de dolor. Y sin embargo, ante todas estas dificultades y sorpresas del plan de Dios, la esperanza de la Virgen nunca flaquea.

Esto nos dice que la esperanza se nutre de la escucha, la contemplación, la paciencia, para que los tiempos del Señor maduren.

Incluso cuando María se convierte en la dolorosa al pie de la cruz, su esperanza no cede, sino que la sostiene en la espera vigilante de un misterio, mayor del dolor que está por cumplirse.

Todo parece realmente acabado; cualquier esperanza podría decirse apagada. También ella, en ese momento, podría haber dicho, si no hubiera recordado las promesas de la Anunciación: “¡Esto no es cierto! ¡He sido engañada!”. Y no lo hizo.

María creyó. Su fe le ha hecho esperar con esperanza en el futuro de Dios. Una esperanza que hoy el hombre no logra tener.

Muchas veces pienso: “¿Sabemos esperar el mañana de Dios, o queremos el hoy, el hoy, el hoy?”. El futuro de Dios es para ella el amanecer de aquel día, el primero de la semana. Nos hará bien pensar en la contemplación, en el abrazo del hijo con la madre.

[…] María es, pues, el testimonio sólido de la esperanza presente en cada momento de la historia de la salvación. Ella, la madre de la esperanza, nos sostiene en los momentos de oscuridad, de dificultad, de desaliento, de derrota aparente, en las verdaderas derrotas humanas.

Que María, nuestra esperanza, nos ayude a hacer de nuestra vida una ofrenda grata al Padre Celestial, un regalo alegre para nuestros hermanos, una actitud que siempre mire hacia el futuro. (Mensaje a las monjas benedictinas camaldulenses del Aventino de Roma, 22 de noviembre de 2013)

Oración de Sanación

Señor, te agradezco todas las intervenciones de amor que has tenido en mi vida con las cuales has incrementado mi deseo de amarte y seguirte.

Gracias por darme el don de la salvación y bendito seas por haberme dejado a tu Santa Madre, quien es madre que me acompaña y me guía hacia tu luz.

Tú escogiste a María por ser una doncella pura, obediente y humilde. La preservaste de toda mancha para que fuese cuna viviente de tu Hijo predilecto.

María, abrió las puertas de su corazón a tu ángel mensajero y aceptó tu proyecto de amor sobre la humanidad para darnos ejemplo de fidelidad.

Quiero, como María, abrirme a tu voluntad y que mi corazón se convierta también en la cuna de tu amor, que nazca en él la luz de tu vida por siempre.

Dios mío, ven y pasa ahora tu mano sanadora sobre mí y que pueda seguir sintiéndome protegido por tu poder, creciendo en el amor y la bondad.

Quiero ser audaz pero sencillo, valiente pero prudente, que guarde tus enseñanzas en mi corazón y las convierta en fuego que impulse mi vida.

En tus manos, y en la de María, te confío todo lo mío y a todos los míos. Gracias por la paz que me das para vivir de acuerdo a tus preceptos. Amén

Propósito para hoy

Hoy, en tres ocasiones, Invoca el auxilio de la Virgen María para que te ayude a superar las tentaciones. Usa esa jaculatoria: “Madre inmaculada, ven en mi ayuda”

Frase de reflexión

“La Iglesia está llamada a hacerse cercana a todas las personas, comenzando por los más pobres y los que sufren”. Papa Francisco