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Editorial SAN PABLO
 
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Papa Francisco: En Pascua hay que “limpiar los ojos del alma”

En una nueva Audiencia General, el Papa Francisco habló del Triduo Pascual y de la Semana Santa. Sobre todo se detuvo en la Pascua e invitó a “lavar el alma, lavar los ojos del alma, para ver las cosas bellas y hacer cosas bellas”. “Esta es la resurrección de Jesús después de su muerte que fue el precio para salvarnos a todos”.

A continuación, el texto completo de la catequesis:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me gustaría reflexionar sobre el Triduo Pascual que empieza mañana para profundizar en aquello que los días más importantes del año litúrgico representan para nosotros, los creyentes. Me gustaría preguntaros: ¿Cuál es la fiesta más importante de nuestra fe, Navidad o Pascua? Pascua porque es la fiesta de nuestra salvación, la fiesta del amor de Dios por nosotros, la fiesta, la celebración de su muerte y resurrección. Por eso quisiera reflexionar con vosotros sobre esta fiesta, sobre estos días, que son días pascuales, hasta la resurrección del Señor. Estos días constituyen la memoria conmemorativa de un gran misterio único: la muerte y la resurrección del Señor Jesús. El Triduo comienza mañana, con la Misa de la Cena del Señor y terminará con las vísperas del Domingo de Resurrección. Después viene “Pasquetta” (Lunes de Pascua) para celebrar esta fiesta grande: un día más. Pero es post-litúrgico: es la fiesta familiar, es la fiesta de la sociedad. Marca las etapas fundamentales de nuestra fe y de nuestra vocación en el mundo, y todos los cristianos están llamados a vivir los tres días santos –jueves, viernes, sábado; y el domingo- naturalmente- pero el sábado es la resurrección- los tres días santos, como, por decirlo así, la “matriz” de su vida personal de su vida comunitaria, como vivieron nuestros hermanos judíos el éxodo de Egipto.

Estos tres días vuelven a proponer al pueblo cristiano los grandes eventos de salvación operados por Cristo, y así lo proyectan en el horizonte de su destino futuro y lo fortalecen en su compromiso de testimonio en la historia.

En la mañana de Pascua, volviendo a recorrer las etapas vividas en el Triduo, el canto de la Secuencia, o sea un himno o una suerte de salmo, hará que se escuche solemnemente el anuncio de la resurrección. Y dice así: “Cristo, nuestra esperanza, ha resucitado y nos precede en Galilea”. Esta es la gran afirmación: Cristo ha resucitado. Y en tantos pueblos del mundo, sobre todo en el Este de Europa, la gente se saluda estos días de Pascua, no con un “buenos días” o “buenas tardes”, sino con “Cristo ha resucitado”, para afirmar el gran saludo pascual. “Cristo ha resucitado.  Con estas palabras -Cristo ha resucitado- de conmovida exultación culmina el Triduo. No solo contienen un anuncio de alegría y esperanza, sino también un llamamiento a la responsabilidad y a la misión. Y no termina con la “colomba” (dulce de Pascua italiano n.d.r.) los huevos, las fiestas- aunque todo esto sea hermoso porque es la fiesta de la familia- pero no termina con eso. De ahí comienza el camino a la misión, al anuncio: Cristo ha resucitado. Y este anuncio, al que conduce el Triduo preparándonos para acogerlo, es el centro de nuestra fe y de nuestra esperanza, es el núcleo, es el anuncio, es –la palabra difícil- es el kerygma que continuamente evangeliza a la Iglesia y que ella, a su vez, es enviada a evangelizar.

San Pablo resume el evento pascual en esta frase: “Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado” (1 Cor 5,7), como el cordero. Ha sido inmolado. Por lo tanto, prosigue, “pasó lo viejo, todo es nuevo” (2 Cor 5:15). Renacido. Y por eso, al principio, se bautizaba la gente el día de Pascua. También por la noche de este sábado yo bautizaré aquí, en San Pedro, ocho personas adultas que comienzan su vida cristiana. Y comienza todo porque habrán nacido otra vez. Y con otra fórmula sintética, explica que Cristo “fue entregado a causa de nuestros pecados y fue resucitado  para nuestra justificación” (Rom 4:25).  El único, el único que nos justifica; el único que nos hace renacer de nuevo es Jesucristo. Ningún otro. Y por eso no hay que pagar nada, porque la justificación –el hacerse justos- es gratuita. Y esta es la grandeza del amor de Jesús; da la vida gratuitamente para hacernos santos, para renovarnos, para perdonarnos. Y este es el núcleo propio de este Triduo Pascual. En el Triduo Pascual, el recuerdo de este evento fundamental se convierte en una celebración llena de gratitud y, al mismo tiempo, renueva en los bautizados el sentido de su nueva condición, que el apóstol Pablo expresa: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba, […] y no … las de la tierra “(Col 3,1-3). Mirar hacia arriba, mirar al horizonte, ensanchar los horizontes: ¡esta es nuestra fe, esta es nuestra justificación, este es el estado de gracia! Efectivamente, por el Bautismo hemos resurgido con Jesús y hemos muerto a las cosas y a la lógica del mundo; hemos renacido como criaturas nuevas: una realidad que exige convertirse en existencia concreta día a día.

Un cristiano, si realmente se deja lavar por Cristo, si realmente se deja despojar por Él del hombre viejo para caminar en una nueva vida, aunque siga siendo pecador, -porque todos lo somos- ya no puede ser corrompido; la justificación de Jesús nos salva de la corrupción, somos pecadores pero no corrompidos; ya no puede vivir con la muerte en el alma, ni tampoco puede ser causa de muerte. Y aquí tengo que decir algo triste y doloroso…Hay cristianos falsos: los que dicen “Jesús ha resucitado”, “yo he sido justificado por Jesús”, estoy en la vida nueva, pero vivo una vida corrupta. Y estos cristianos fingidos acabarán mal. El cristiano, lo repito, es pecador – todos lo somos, yo lo soy- pero tenemos la seguridad de que cuando pedimos perdón el Señor nos perdona. El corrupto finge ser una persona honrada, pero en el fondo de su corazón hay podredumbre. Una vida nueva nos da Jesús. El cristiano no puede vivir con la muerte en el alma, ni tampoco ser causa de muerte. Pensemos –para no ir muy lejos- pensemos en casa, pensemos en los llamados “cristianos mafiosos”. Estos de cristianos no tienen nada: se dicen cristianos, pero llevan la muerte en el alma y a los demás. Recemos por ellos para que el Señor les toque el alma. El prójimo, sobre todo el más pequeño y el que más sufre, se convierte en el rostro concreto a quien podemos dar el amor que Jesús nos ha dado. Y el mundo se convierte en el espacio de nuestra nueva vida de resucitados. Nosotros hemos resucitado con Jesús: de pie, con la frente levantada y podemos compartir la humillación de aquellos que todavía  hoy, como Jesús, se hallan en medio del sufrimiento, de la desnudez, de la necesidad, de la soledad, de la muerte, para convertirnos, gracias a Él y con Él, en instrumentos redención y de esperanza, en signos de vida y resurrección. En tantos países –aquí en Italia y también en mi patria- hay la costumbre de que cuando el día de Pascua se oyen las campanas, las mamás, las abuelas, llevan a los niños a lavarse los ojos con el agua, el agua de la vida, como signo para poder ver las cosas de Jesús, las cosas nuevas. En esta Pascua dejémonos lavar el alma, lavar los ojos del alma, para ver las cosas bellas y hacer cosas bellas. ¡Y esto es maravilloso! Esta es la resurrección de Jesús después de su muerte que fue el precio para salvarnos a todos.

Queridos hermanos y hermanas, preparémonos para vivir bien este inminente –empieza mañana- Triduo Santo, para estar cada vez más profundamente insertados en el misterio de Cristo, que murió y resucitó por nosotros. Que nos acompañe en este itinerario espiritual la Virgen Santísima que siguió a Jesús en su pasión –Ella estaba allí, miraba, sufría…- estuvo presente y unida a Él bajo su cruz, pero se avergonzaba de su hijo. ¡Una madre nunca se avergüenza de su hijo! Estaba allí y recibió en su corazón maternal la inmensa alegría de la resurrección. Que ella obtenga para nosotros la gracia de participar desde dentro en las celebraciones de los próximos días, para que nuestro corazón y nuestra vida se transformen verdaderamente.

Y mientras os dejo estos pensamientos, mientras formulo para todos vosotros mis mejores deseos de una feliz y santa Pascua, junto con vuestras comunidades y seres queridos.

Y os aconsejo: en la mañana de Pascua llevad a los niños debajo del grifo y haced que se laven los ojos. Será un signo de cómo ver a Jesús resucitado.

 

https://bit.ly/2Icf8VJ

 

Fuente: ACI Prensa

Papa Francisco: La Confesión no es una tintorería, es el abrazo de amor de Dios

En la homilía de Misa matutina en Santa Marta, el Papa Francisco manifestó que Dios es incapaz de renegar de su pueblo, al que ama como una madre, y recordó que el sacramento de la confesión no es como ir a la tintorería.

“Este es el amor de Dios, como el de una madre. Dios no se olvida de nosotros. Nunca. No puede, es fiel a su alianza. Esto nos da seguridad. De nosotros podemos decir: ‘Pero mi vida no es tan buena. Estoy con esta dificultad, soy pecador, una pecadora’. Él no se olvida de ti, porque tiene este amor visceral, es padre y madre”.

Francisco también dijo que “El Dios fiel no puede renegar de sí mismo, no puede renegar de nosotros, no puede renegar de su amor, no puede renegar de su pueblo, no puede renegar porque nos ama”.

“Esta es la fidelidad de Dios”, añadió. “Cuando acudimos al Sacramento de la Penitencia, no pensemos por favor que vamos a la tintorería y quitarnos la porquería. No. Vamos a recibir el abrazo de amor de este Dios fiel, que nos espera siempre. Siempre”.

El Obispo de Roma subrayó una vez más que “Él es fiel, él me conoce, él me ama”, “Nunca me dejará solo. Me lleva de la mano. ¿Qué puedo desear?, ¿qué más?, ¿qué tengo que hacer? Exulta en la esperanza porque el Señor te ama como padre y como madre”.

https://bit.ly/2FF6EJ2

 

Fuente: ACI Prensa

 

Papa Francisco recuerda con cariño al pueblo peruano

Pasado un mes de su visita aún el Papa Francisco tiene muy presente los afectos recibidos en Perú. Así lo dio a conocer a través de una carta enviada recientemente al Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y Arzobispo de Ayacucho, Monseñor Salvador Piñeiro, en la que recuerda con alegría su reciente visita a nuestro país, realizado del 18 al 21 de enero pasado.

 

 

Manifiesta la misiva, que también agradece la cálida acogida de todo el pueblo peruano, quien textualmente expresa: “He apreciado mucho el trabajo y los esfuerzos que han realizado para la preparación y para el buen desarrollo de la visita, se los agradezco, y deseo que esta pueda dar mucho fruto”, manifestaba el Santo Padre en la correspondencia enviada.

 

 

“Desde aquí les aseguro mi recuerdo en la oración, en la que encomiendo al Señor todo el santo Pueblo de Dios que peregrina en esas tierras peruanas, pidiéndole lo bendiga con abundantes vocaciones y que haga crecer en todos el celo apostólico y misionero. Le pido, por favor, que no se olvide de rezar por mí. Que Jesús lo bendiga y la Virgen Santa lo cuide”, señala finalmente el texto de la carta.

Así como el Papa nos manifiesta su amistad y su afectuoso recuerdo, como pueblo peruano tenemos un gran tesoro que nos ha dejado en cada palabra de aliento, en cada exhortación y hasta denuncias públicas en defensa del ambiente y los pueblos originarios. Todo ese mensaje de la visita apostólica fue recopilado en una edición especial que puedes ver en nuestra Librería Virtual http://bit.ly/2CSXJ1c

 

Ecología: El Papa renueva nuestro compromiso

Siguiendo en sintonía con la visita del papa Francisco al Perú, refrescando su importante mensaje a nuestra región, conscientes de vivir en una casa común y la responsabilidad compartida en la preservación de la ecología, el Centro Bíblico SAN PABLO ofrecerá este martes 27 de febrero su cuarta conferencia presencial del mes.

 

Los asistentes contarán con la importante presencia de la conferencista María Rosa Lorbés, Educadora y Comunicadora de nacionalidad española, radicada en Perú hace más de 40 años, quien además cuenta entre sus aportes con numerosos artículos, ensayos y libros publicados, estará encargada de liderar la reflexión sobre la conversión y los retos que eso implica en la preservación de nuestro ambiente.

Dos temas que parecieran estar desligados uno del otro, pero que, a la luz de la encíclica Laudato Si y el reciente discurso del Santo Padre en su visita a Perú, nos invita a profundizar durante la cuaresma el llamado a ser partícipes de este compromiso de vida.

 

Como cada martes, el Centro Bíblico abre sus puertas para el debate, reflexión e internalización del llamado de la Iglesia a convertirnos, a cambiar nuestro modo de vida, encontrando el sabor en el beneficio personal, espiritual y colectivo de esos cambios que realicemos.

 

“Alabado seas” traduce el título de este documento del Papa, que junto a sus mensaje durante la visita apostólica, sirven de base al estudio de alternativas para evitar el deterioro del planeta, a ofrecer respuestas de compromiso real como corresponsables del regalo de la creación y establecer así nuestro vínculo directo como miembros de una misma sociedad global.

 

PRÓXIMA CONFERENCIA:

 

Tema: La conversión desde la Laudato Si

Ponente: María Rosa Lorbés, Coordinadora del Observatorio

Socio-Eclesial de la Universidad Ruiz de Montoya

Martes 27 de febrero

Hora: 6:30 pm a 8:00 pm

 

 

MARZO: SEMANA SANTA DESDE EL EVANGELIO DE MARCOS

 

06 DE MARZO Un rey entra a la ciudad: la entrada mesiánica a Jerusalén y su enseñanza en el templo

13 DE MARZO Jesús nos deja una comida: La Eucaristía, el rito de la nueva alianza

20 DE MARZO Mis actitudes en Cuaresma: La indiferencia y abandono a Jesús en la Pasión

27 DE MARZO Ha resucitado, no está aquí: la crucifixión y resurrección de Jesús

 

*Puedes confirmar disponibilidad de cupos vía telefónica o por email a los siguientes contactos:

 

 

Av. Armendáriz 527, Miraflores.
Lima 18 – Perú.
Tel.: (01) 446-0017 anexo 123/124  Cel.: 997585305
Correo: centrobiblico@sanpabloperu.com.pe

 

 

EL DESAFÍO: JMJ es para los valientes

“No temas” es la primera invitación que realiza el papa Francisco en su mensaje previo a la JMJ Panamá 2019, donde a semejanza del llamado del ángel a María, pide a la juventud no tener miedo ante el llamado de Dios al servicio y entrega total.

Como preámbulo a esa gran jornada internacional, este 22 de febrero ha sido publicado el mensaje de Santo Padre para la 33° Jornada Mundial de la Juventud a desarrollarse el venidero 25 de marzo de 2018, Domingo de Ramos.

“La JMJ es para los valientes, no para jóvenes que sólo buscan comodidad y que retroceden ante las dificultades. ¿Aceptáis el desafío?” pregunta el Papa a la juventud cristiana, como quien lanza un reto que lejos de excluir, desea incentivar a mover la fibra emprendedora característica de la juventud.

A continuación el mensaje completo de su Santidad:

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

PARA LA XXXIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

(Domingo de Ramos, 25 de marzo de 2018)

 

«No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios» (Lc 1,30)

Queridos jóvenes:

La Jornada Mundial de la Juventud de 2018 es un paso más en el proceso de preparación de la Jornada internacional, que tendrá lugar en Panamá en enero de 2019. Esta nueva etapa de nuestra peregrinación cae en el mismo año en que se ha convocado la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Es una buena coincidencia. La atención, la oración y la reflexión de la Iglesia estarán puestas en vosotros, los jóvenes, con el deseo de comprender y, sobre todo, de «acoger» el don precioso que representáis para Dios, para la Iglesia y para el mundo.

Como ya sabéis, hemos elegido a María, la joven de Nazaret, a quien Dios escogió como Madre de su Hijo, para que nos acompañe en este viaje con su ejemplo y su intercesión. Ella camina con nosotros hacia el Sínodo y la JMJ de Panamá. Si el año pasado nos sirvieron de guía las palabras de su canto de alabanza: «El Poderoso ha hecho obras grandes en mí» (Lc 1,49), enseñándonos a hacer memoria del pasado, este año tratamos de escuchar con ella la voz de Dios que infunde valor y da la gracia necesaria para responder a su llamada: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios» (Lc 1,30). Son las palabras pronunciadas por el mensajero de Dios, el arcángel Gabriel, a María, una sencilla jovencita de un pequeño pueblo de Galilea.

  1. No temas

Es comprensible que la repentina aparición del ángel y su misterioso saludo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1,28) hayan causado una fuerte turbación en María, sorprendida por esta primera revelación de su identidad y de su vocación, desconocida para ella entonces. María, como otros personajes de las Sagradas Escrituras, tiembla ante el misterio de la llamada de Dios, que en un instante la sitúa ante la inmensidad de su propio designio y le hace sentir toda su pequeñez, como una humilde criatura. El ángel, leyendo en lo más profundo de su corazón, le dice: «¡No temas!». Dios también lee en nuestro corazón. Él conoce bien los desafíos que tenemos que afrontar en la vida, especialmente cuando nos encontramos ante las decisiones fundamentales de las que depende lo que seremos y lo que haremos en este mundo. Es la «emoción» que sentimos frente a las decisiones sobre nuestro futuro, nuestro estado de vida, nuestra vocación. En esos momentos nos sentimos turbados y embargados por tantos miedos.

Y vosotros jóvenes, ¿qué miedos tenéis? ¿Qué es lo que más os preocupa en el fondo? En muchos de vosotros existe un miedo de «fondo» que es el de no ser amados, queridos, de no ser aceptados por lo que sois. Hoy en día, muchos jóvenes se sienten obligados a mostrarse distintos de lo que son en realidad, para intentar adecuarse a estándares a menudo artificiales e inalcanzables. Hacen continuos «retoques fotográficos» de su imagen, escondiéndose detrás de máscaras y falsas identidades, hasta casi convertirse ellos mismos en un «fake». Muchos están obsesionados con recibir el mayor número posible de «me gusta». Y este sentido de inadecuación produce muchos temores e incertidumbres. Otros tienen miedo a no ser capaces de encontrar una seguridad afectiva y quedarse solos. Frente a la precariedad del trabajo, muchos tienen miedo a no poder alcanzar una situación profesional satisfactoria, a no ver cumplidos sus sueños. Se trata de temores que están presentes hoy en muchos jóvenes, tanto creyentes como no creyentes. E incluso aquellos que han abrazado el don de la fe y buscan seriamente su vocación tampoco están exentos de temores. Algunos piensan: quizás Dios me pide o me pedirá demasiado; quizás, yendo por el camino que me ha señalado, no seré realmente feliz, o no estaré a la altura de lo que me pide. Otros se preguntan: si sigo el camino que Dios me indica, ¿quién me garantiza que podré llegar hasta el final? ¿Me desanimaré? ¿Perderé el entusiasmo? ¿Seré capaz de perseverar toda mi vida?

En los momentos en que las dudas y los miedos inundan nuestros corazones, resulta imprescindible el discernimiento. Nos permite poner orden en la confusión de nuestros pensamientos y sentimientos, para actuar de una manera justa y prudente. En este proceso, lo primero que hay que hacer para superar los miedos es identificarlos con claridad, para no perder tiempo y energías con fantasmas que no tienen rostro ni consistencia. Por esto, os invito a mirar dentro de vosotros y «dar un nombre» a vuestros miedos. Preguntaos: hoy, en mi situación concreta, ¿qué es lo que me angustia, qué es lo que más temo? ¿Qué es lo que me bloquea y me impide avanzar? ¿Por qué no tengo el valor para tomar las decisiones importantes que debo tomar? No tengáis miedo de mirar con sinceridad vuestros miedos, reconocerlos con realismo y afrontarlos. La Biblia no niega el sentimiento humano del miedo ni sus muchas causas. Abraham tuvo miedo (cf. Gn 12,10s.), Jacob tuvo miedo (cf. Gn 31,31; 32,8), y también Moisés (cf. Ex 2,14; 17,4), Pedro (cf. Mt 26,69ss.) y los Apóstoles (cf. Mc 4,38-40, Mt 26,56). Jesús mismo, aunque en  un nivel incomparable, experimentó el temor y la angustia (Mt 26,37, Lc 22,44).

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (Mc 4,40). Este reproche de Jesús a sus discípulos nos permite comprender cómo el obstáculo para la fe no es con frecuencia la incredulidad sino el miedo. Así, el esfuerzo de discernimiento, una vez identificados los miedos, nos debe ayudar a superarlos abriéndonos a la vida y afrontando con serenidad los desafíos que nos presenta. Para los cristianos, en concreto, el miedo nunca debe tener la última palabra, sino que nos da la ocasión para realizar un acto de fe en Dios… y también en la vida. Esto significa creer en la bondad fundamental de la existencia que Dios nos ha dado, confiar en que él nos lleva a un buen final a través también de las circunstancias y vicisitudes que a menudo son misteriosas para nosotros. Si por el contrario alimentamos el temor, tenderemos a encerrarnos en nosotros mismos, a levantar una barricada para defendernos de todo y de todos, quedando paralizados. ¡Debemos reaccionar! ¡Nunca cerrarnos! En las Sagradas Escrituras encontramos 365 veces la expresión «no temas», con todas sus variaciones. Como si quisiera decir que todos los días del año el Señor nos quiere libres del temor.

El discernimiento se vuelve indispensable cuando se trata de encontrar la propia vocación. La mayoría de las veces no está clara o totalmente evidente, pero se comprende poco a poco. El discernimiento, en este caso, no pretende ser un esfuerzo individual de introspección, con el objetivo de aprender más acerca de nuestros mecanismos internos para fortalecernos y lograr un cierto equilibrio. En ese caso, la persona puede llegar a ser más fuerte, pero permanece cerrada en el horizonte limitado de sus posibilidades y de sus puntos de vista. La vocación, en cambio, es una llamada que viene de arriba y el discernimiento consiste sobre todo en abrirse al Otro que llama. Se necesita entonces el silencio de la oración para escuchar la voz de Dios que resuena en la conciencia. Él llama a la puerta de nuestro corazón, como lo hizo con María, con ganas de entablar en amistad con nosotros a través de la oración, de hablarnos a través de las Sagradas Escrituras, de ofrecernos su misericordia en el sacramento de la reconciliación, de ser uno con nosotros en la comunión eucarística.

Pero también es importante hablar y dialogar con otros, hermanos y hermanas nuestros en la fe, que tienen más experiencia y nos ayudan a ver mejor y a escoger entre las diversas opciones. El joven Samuel, cuando oyó la voz del Señor, no lo reconoció inmediatamente y por tres veces fue a Elí, el viejo sacerdote, quien al final le sugirió la respuesta correcta que debería dar a la llamada del Señor: «Si te llama de nuevo, di: “Habla Señor, que tu siervo escucha”» (1 S 3,9). Cuando dudéis, sabed que podéis contar con la Iglesia. Sé que hay buenos sacerdotes, consagrados y consagradas, fieles laicos, muchos de ellos jóvenes a su vez, que pueden acompañaros como hermanos y hermanas mayores en la fe; movidos por el Espíritu Santo, os ayudarán a despejar vuestras dudas y a leer el designio de vuestra vocación personal. El «otro» no es únicamente un guía espiritual, sino también el que nos ayuda a abrirnos a todas las riquezas infinitas de la existencia que Dios nos ha dado. Es necesario que dejemos espacio en nuestras ciudades y comunidades para crecer, soñar, mirar nuevos horizontes. Nunca perdáis el gusto de disfrutar del encuentro, de la amistad, el gusto de soñar juntos, de caminar con los demás. Los cristianos auténticos no tienen miedo de abrirse a los demás, compartir su espacio vital transformándolo en espacio de fraternidad. No dejéis, queridos jóvenes, que el resplandor de la juventud se apague en la oscuridad de una habitación cerrada en la que la única ventana para ver el mundo sea el ordenador y el smartphone. Abrid las puertas de vuestra vida. Que vuestro ambiente y vuestro tiempo estén ocupados por personas concretas, relaciones profundas, con las que podáis compartir experiencias auténticas y reales en vuestra vida cotidiana.

  1. María

«Te he llamado por tu nombre» (Is 43,1). El primer motivo para no tener miedo es precisamente el hecho de que Dios nos llama por nuestro nombre. El ángel, mensajero de Dios, llamó a María por su nombre. Poner nombres es propio de Dios. En la obra de la creación, él llama a la existencia a cada criatura por su nombre. Detrás del nombre hay una identidad, algo que es único en cada cosa, en cada persona, esa íntima esencia que sólo Dios conoce en profundidad. Esta prerrogativa divina fue compartida con el hombre, al cual Dios le concedió que diera nombre a los animales, a los pájaros y también a los propios hijos (Gn 2,19-21; 4,1). Muchas culturas comparten esta profunda visión bíblica, reconociendo en el nombre la revelación del misterio más profundo de una vida, el significado de una existencia.

Cuando Dios llama por el nombre a una persona, le revela al mismo tiempo su vocación, su proyecto de santidad y de bien, por el que esa persona llegará a ser alguien único y un don para los demás. Y también cuando el Señor quiere ensanchar los horizontes de una existencia, decide dar a la persona a quien llama un nombre nuevo, como hace con Simón, llamándolo «Pedro». De aquí viene la costumbre de asumir un nuevo nombre cuando se entra en una orden religiosa, para indicar una nueva identidad y una nueva misión. La llamada divina, al ser personal y única, requiere que tengamos el valor de desvincularnos de la presión homogeneizadora de los lugares comunes, para que nuestra vida sea de verdad un don original e irrepetible para Dios, para la Iglesia y para los demás.

Queridos jóvenes: Ser llamados por nuestro nombre es, por lo tanto, signo de la gran dignidad que tenemos a los ojos de Dios, de su predilección por nosotros. Y Dios llama a cada uno de vosotros por vuestro nombre. Vosotros sois el «tú» de Dios, preciosos a sus ojos, dignos de estima y amados (cf. Is 43,4). Acoged con alegría este diálogo que Dios os propone, esta llamada que él os dirige llamándoos por vuestro nombre.

  1. Has encontrado gracia ante Dios

El motivo principal por el que María no debe temer es porque ha encontrado gracia ante Dios. La palabra «gracia» nos habla de amor gratuito e inmerecido. Cuánto nos anima saber que no tenemos que conseguir la cercanía y la ayuda de Dios presentando por adelantado un «currículum de excelencia», lleno de méritos y de éxitos. El ángel dice a María que ya ha encontrado gracia ante Dios, no que la conseguirá en el futuro. Y la misma formulación de las palabras del ángel nos da a entender que la gracia divina es continua, no algo pasajero o momentáneo, y por esto nunca faltará. También en el futuro seremos sostenidos siempre por la gracia de Dios, sobre todo en los momentos de prueba y de oscuridad.

La presencia continua de la gracia divina nos anima a abrazar con confianza nuestra vocación, que exige un compromiso de fidelidad que hay que renovar todos los días. De hecho, el camino de la vocación no está libre de cruces: no sólo las dudas iniciales, sino también las frecuentes tentaciones que se encuentran a lo largo del camino. La sensación de no estar a la altura acompaña al discípulo de Cristo hasta el final, pero él sabe que está asistido por la gracia de Dios.

Las palabras del ángel se posan sobre los miedos humanos, disolviéndolos con la fuerza de la buena noticia de la que son portadoras. Nuestra vida no es pura casualidad ni mera lucha por sobrevivir, sino que cada uno de nosotros es una historia amada por Dios. El haber «encontrado gracia ante Dios» significa que el Creador aprecia la belleza única de nuestro ser y tiene un designio extraordinario para nuestra vida. Ser conscientes de esto no resuelve ciertamente todos los problemas y no quita las incertidumbres de la vida, pero tiene el poder de transformarla en profundidad. Lo que el mañana nos deparará, y que no conocemos, no es una amenaza oscura de la que tenemos que sobrevivir, sino que es un tiempo favorable que se nos concede para vivir el carácter único de nuestra vocación personal y compartirlo con nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia y en el mundo.

  1. Valentía en el presente

La fuerza para tener valor en el presente nos viene de la convicción de que la gracia de Dios está con nosotros: valor para llevar adelante lo que Dios nos pide aquí y ahora, en cada ámbito de nuestra vida; valor para abrazar la vocación que Dios nos muestra; valor para vivir nuestra fe sin ocultarla o rebajarla.

Sí, cuando nos abrimos a la gracia de Dios, lo imposible se convierte en realidad. «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Rm 8,31). La gracia de Dios toca el hoy de vuestra vida, os «aferra» así como sois, con todos vuestros miedos y límites, pero también revela los maravillosos planes de Dios. Vosotros, jóvenes, tenéis necesidad de sentir que alguien confía realmente en vosotros. Sabed que el Papa confía en vosotros, que la Iglesia confía en vosotros. Y vosotros, ¡confiad en la Iglesia!

A María, joven, se le confió una tarea importante, precisamente porque era joven. Vosotros, jóvenes, tenéis fuerza, atravesáis una fase de la vida en la que sin duda no faltan las energías. Usad esa fuerza y esas energías para mejorar el mundo, empezando por la realidad más cercana a vosotros. Deseo que en la Iglesia se os confíen responsabilidades importantes, que se tenga la valentía de daros espacio; y vosotros, preparaos para asumir esta responsabilidad.

Os invito a seguir contemplando el amor de María: un amor atento, dinámico, concreto. Un amor lleno de audacia y completamente proyectado hacia el don de sí misma. Una Iglesia repleta de estas cualidades marianas será siempre Iglesia en salida, que va más allá de sus límites y confines para hacer que se derrame la gracia recibida. Si nos dejamos contagiar por el ejemplo de María, viviremos de manera concreta la caridad que nos urge a amar a Dios más allá de todo y de nosotros mismos, a amar a las personas con quienes compartimos la vida diaria. Y también podremos amar a quien nos resulta poco simpático. Es un amor que se convierte en servicio y dedicación, especialmente hacia los más débiles y pobres, que transforma nuestros rostros y nos llena de alegría.

Quisiera terminar con las hermosas palabras de san Bernardo en su famosa homilía sobre el misterio de la Anunciación, palabras que expresan la expectativa de toda la humanidad ante la respuesta de María: «Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta. También nosotros esperamos, Señora, esta palabra de misericordia. Por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida. Esto mismo te pide el mundo todo postrado a tus pies. Oh Virgen, da pronto tu respuesta» (Homilía 4, 8-9: Opera Omnia, Ed. Cisterciense, 4 [1966] 53-54).

Queridos jóvenes: el Señor, la Iglesia, el mundo, esperan también vuestra respuesta a esa llamada única que cada uno recibe en esta vida. A medida que se aproxima la JMJ de Panamá, os invito a prepararos para nuestra cita con la alegría y el entusiasmo de quien quiere ser partícipe de una gran aventura. La JMJ es para los valientes, no para jóvenes que sólo buscan comodidad y que retroceden ante las dificultades. ¿Aceptáis el desafío?

 

Vaticano, 11 de febrero de 2018, VI Domingo del Tiempo Ordinario.

Memoria de Nuestra Señora de Lourdes.

Francisco

Cuaresma: caminar alegres por el desierto

Iluminar nuestro transitar cuaresmal con una sonrisa que brote de un corazón que se sabe amado, es el objetivo trazado por el papa Francisco en la Evangelii Gaudium (La alegría del evangelio), tema de la conferencia presencial dictada en el Centro Bíblico SAN PABLO este martes 20 de febrero, y que no pierde vigencia en este importante tiempo litúrgico.

La Cuaresma no implica tristeza, muy al contrario, esa introspección que nos pide la Iglesia cada año, representada por el color morado, no nos lleva a un pensamiento de desesperanza sino de “alegría mesiánica”, debemos avanzar convencidos con “la alegría producto de la salvación/liberación que Dios da a su pueblo”, aclaraba desde el inicio el licenciado Luis Breña, tutor del Centro Bíblico, responsable de la tercera conferencia presencial del mes de febrero.

Motivados por el profundo deseo de ver una Iglesia peruana fortalecida en la fe, con sólidas bases doctrinales y especialmente bíblicas, durante este mes el centro formativo ha ofrecido temas variados a la luz del Santo Padre, difundiendo la voz de Dios a través de sus escritos, discursos, encíclicas y exhortaciones apostólicas.

La conversión, eje central de esta cuarentena, fue ampliamente revisada desde la perspectiva de la alegría mostrada en todos los aspectos de la vida cotidiana y pastoral. La interpelación a nuestra actitud misionera, salir con entusiasmo a brindar regocijo a quien padece, la inclusión de los más desvalidos, fueron tan sólo alguno de los temas reflexionados durante este encuentro de fe.

Si deseas unirte a este grupo de fieles, religiosas, sacerdotes y laicos comprometidos que todos los martes dedican un espacio a crecer en la fe, puedes solicitar más información reservando tu asistencia a los temas de tu mayor interés.

 

SIGUIENTES TEMÁTICAS:

 

FEBRERO: LA CUARESMA A LA LUZ DEL PAPA FRANCISCO

27 DE FEBRERO LA CONVERSIÓN DESDE LA ENCÍCLICA LAUDATO SÍ

 

MARZO: SEMANA SANTA DESDE EL EVANGELIO DE MARCOS

06 DE MARZO UN REY ENTRA A LA CIUDAD: LA ENTRADA MESIÁNICA A JERUSALÉN Y SU ENSEÑANSA EN EL TEMPLO

 

13 DE MARZO JESÚS NOS DEJA UNA COMIDA: LA ECUCARISTÍA EL RITO DE LA NUEVA ALIANZA

 

20 DE MARZO MIS ACTITUDES EN CUARESMA: LA INDIFERENCIA Y ABANDONO A JESÚS EN LA PASIÓN

 

27 DE MARZO HA RESUCITADO, NO ESTÁ AQUÍ: LA CRUSIFIXIÓN Y RESURRECCIÓN DE JESÚS

 

Para mayor información:

Av. Armendáriz 527, Miraflores.
Lima 18 – Perú.
Tel.: (01) 446-0017 anexo 123/124  Cel.: 997585305
Correo: centrobiblico@sanpabloperu.com.pe

“Un amor de manos tendidas” pidió el Papa al Perú

A casi un mes de este emotivo encuentro, siguen resonando en nuestros corazones las palabras de aliento y exhortación del Papa Francisco, y ha sido el propósito que el Centro Bíblico SAN PABLO ha querido incentivar con la segunda conferencia presencial: La conversión en los mensajes del Papa Francisco en su visita al Perú.

El compromiso en esta oportunidad estuvo a cargo de Efraín Espinoza Carrasco, especialista en Teología Sistemática, Mariología y profesor de Ciencias Religiosas, quien introdujo a las 38 personas participantes en un auto-encuentro de revisión fraternal.

“Qué linda pregunta que nos puede hacer el Señor a cada uno de nosotros al final del día: ¿cuántas lágrimas has secado hoy?”, destacaba Espinoza en su ponencia al citar esta frase del Santo Padre que interpela nuestro actuar de la forma más tierna y amorosa que sólo Dios conoce.

“Con Él (Jesús) todo es una oportunidad para la esperanza”, resaltó de manera especial al recordar el mensaje de Francisco en su paso por Trujillo y las zonas devastadas por los fenómenos naturales. Valorando la expresión espontánea de solidaridad, el Papa invitó al mismo tiempo a no dejar que eso se enfríe en la cotidianidad porque “Él lo transforma todo, lo renueva todo, lo conforta todo”.

Esta conferencia estuvo marcada por el reconocimiento de nuestro compromiso como sociedad, más allá del cumplimiento de una ley sino como expresión del “amor maternal” de Dios que nos vincula como hermanos y nos invita a revisar constantemente la pregunta hecha a Caín “¿Dónde está tu hermano?”

La fraternidad y solidaridad fueron los ejes centrales del mensaje de cambio y conversión al que fuimos llamados, como signo evidente de un ser que se siente amado y por ende, comparte lo que recibe. A estar atentos ante la tentación de la indiferencia y estar alerta a “no naturalizar lo que seca el espíritu, y lo que es peor, nos roba la esperanza”.

Finalmente destacó la interpelación del Papa a través de un llamado a vivir la fe con una raíz verdadera, con frutos visibles porque “La fe sin solidaridad es una fe sin Cristo, una fe sin Dios, una fe sin hermanos”, enfatizó.

 

 

PRÓXIMAS CONFERENCIAS PRESECIALES:

*20 de febrero: La conversión desde la Evangelii Gaudium

*27 de febrero: la conversión de la Encíclica Laudato Si

 

Para confirmar disponibilidad de cupos:

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Papa Francisco se inscribe en la JMJ Panamá 2019

Demostrando siempre una apertura a las nuevas tecnologías, mundo especialmente frecuentado por los jóvenes, el Papa Francisco se inscribió en línea en la masiva convocatoria que reúne a miles de chicos creyentes: la Jornada Mundial de la Juventud.

Este domingo 11 de febrero, el Santo Padre motivó con su ejemplo a disponerse desde ya al anhelo de participar “a vivir con fe y entusiasmo este evento de gracia y fraternidad ya sea yendo a Panamá o participando desde la propia comunidad”, invitó el Papa.

“Su Santidad el Papa Francisco se inscribió hoy (domingo) de manera sorpresiva como el primer peregrino de la Jornada Mundial de la Juventud 2019 (JMJ), y dio inicio así al proceso de registro de este evento global”, informó el comité organizador local al tiempo que anunciaban que ese acto simbólico dio apertura al proceso de inscripciones desde este lunes 12 de febrero.

Por su parte, el secretario ejecutivo de la Jornada, Víctor Chang, informó que luego de las pruebas finales a la plataforma electrónica y a partir de este lunes a las 08:00 hora local de Panamá (13:00 GMT) se abren las inscripciones.

“¡Nos tenemos que preparar!”, exclamó el Papa con gran entusiasmo frente a la Tablet que le permitió ser el primer peregrino en confirmar su asistencia a este multitudinario encuentro juvenil de la fe.

¿Cómo participar en la JMJ Panamá 2019?

La Jornada es organizada por la Iglesia Católica cada tres años y la cita de Panamá se celebrará entre el 22 y el 27 de enero de 2019 y se espera que viaje el papa Francisco.

Los peregrinos deben aportar un mínimo de 50 dólares y un máximo de 250 dólares para su participación, de acuerdo con los paquetes que preparó el comité organizador, que también alertó esta semana de intentos de estafa que circulan en las redes sociales ofreciendo hospedaje para dos personas en un hotel por 50 dólares.

La Iglesia católica de Panamá ha anunciado que 280.000 casas de familias se han ofrecido para alojar a peregrinos durante el evento masivo que se celebrará en la capital del 22 al 27 de enero de 2019.

Se estiman que unos 300.000 visitantes, entre periodistas, representantes de Gobiernos y jefes de Estado acudirán a la cita eclesiástica.

 

¿Cómo prepararme para ese gran encuentro de fe?

El llamado a renovarnos y fortalecer la fe es constante, no sólo en ciertos tiempos litúrgicos, sino que a diario -como nos recuerda el papa Francisco- estamos invitados a buscar en el interior y avanzar con renovadas fuerzas hacia una vida plena. Te sugerimos algunos textos que pueden ayudarte a conseguir esos anhelados cambios, en un viaje íntimo con Dios en el siguiente link  http://bit.ly/2BrnGb6

Fuentes: Vatican News, El Nuevo Diario

Inician conferencias presenciales “La Cuaresma a la luz del papa Francisco”

Este y todos los martes del mes de febrero el Centro Bíblico San Pablo, estará ofreciendo su ciclo de conferencias presenciales dirigidas a profundizar el sentido de la Cuaresma desde el punto de vista de la Santo Padre, como instrumento de evangelización y crecimiento espiritual.

 

Las temáticas recopilan la visión del Papa sobre la conversión en distintas encíclicas y mensajes durante su visita al Perú. El primer ponente invitado será el padre Alberto Scalenghe SSP, director general de Editorial San Pablo, quien ofrece un paseo general por los mensajes de Cuaresma de los últimos años hasta el actual.

Respondiendo el momento litúrgico y la necesidad de los fieles por seguir conociendo el mensaje catequético del Santo Padre para la Iglesia, se proponen estas conferencias presenciales dirigidas a catequistas, laicos, religiosos y religiosas.

La formación también es abierta al público general que puede incorporarse a las siguientes convocatorias, previa comprobación de disponibilidad de cupo vía telefónica. Las próximas temáticas muestran la propuesta de Francisco en distintos documentos, que plantea cómo transformar nuestras vidas y la sociedad por medio de la justicia y el amor de Dios.

 

SIGUIENTES TEMAS:

*13 de febrero: La conversión en los mensajes del Papa Francisco en su visita al Perú

*20 de febrero: La conversión desde la Evangelii Gaudium

*27 de febrero: la conversión de la Encíclica Laudato Si

 

Para mayor información:

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23 de febrero: El Papa convoca Jornada Mundial de oración por la Paz

En ocasión de celebrarse el primer viernes de Cuaresma, el próximo 23 de febrero, el papa Francisco ha convocado una Jornada Mundial de Ayuno y Oración por la Paz, como intensión principal durante esta primera semana.

Esta convocatoria está motivada por las “trágicas situaciones de conflictos prolongados en diferentes lugares del mundo”, dirigiéndose de manera especial las oraciones y sacrificios por la población de la República Demócrata del Congo y Sudán del Sur, ambas con grandes conflictos civiles.

“Como en ocasiones anteriores –refiere el Santo Padre- invito también a los hermanos y hermanas no católicos y no cristianos a unirse a esta iniciativa en la modalidad que consideren más oportuna” una vez más invitando de manera ecuménica y fraterna a unirnos en un mismo amor.

Este llamado que realizó desde el rezo del Ángelus el pasado domingo 4 de febrero, se extiende a una actitud personal, a un compromiso profundo e individual, donde la paz se asuma más como una actitud constante.

“Dirijo un cordial llamado para que también nosotros escuchemos este grito y que, cada uno en su propia conciencia, ante Dios, nos preguntemos: ‘¿Qué puedo hacer yo por la paz?’. Seguramente podamos rezar, pero no solo: cada uno puede decir concretamente ‘no’ a la violencia por cuanto de él o de ella dependa”

Puedes encontrar algunos textos de oraciones y reflexiones de Cuaresma en nuestra Librería Virtual, que son un acompañamiento oportuno cuando queremos poner nuestras intenciones ante el Padre Dios y no sabemos cómo expresarlo. En el siguiente link puede mirarlos http://bit.ly/1V6behr

Papa Francisco afirma que la muerte “nos hará bien a todos”

Durante la homilía de la misa celebrada este jueves 1 de febrero en la Casa de Santa Marta, el papa Francisco invitó a reflexionar, sin temor alguno, sobre la muerte porque “es un hecho que nos impacta a todos. Llega más tarde o más temprano, pero llega”

El Sumo Pontífice aclaró que es bueno detenernos a pensar que “no somos ni eternos, ni efímeros: somos hombres y mujeres en el tiempo, tiempo que comienza, tiempo que termina”, a fin de mirar este paso sin ansiedad ni temor sino como hecho natural.

“La tentación del momento, que se apodera de la vida y te lleva a andar por ese laberinto de egoísmo, del momento sin futuro, siempre de ida y vuelta, de ida y vuelta. Y el camino termina en la muerte, todos lo sabemos. Por eso la Iglesia siempre ha tratado de reflexionar sobre este fin nuestro: la muerte”, continuó profundizando Francisco, al advertir esta sutil tentación que se presenta en la vida moderna.

Finalmente invitó a reflexionar sobre la muerte como una “memoria anticipada”, una proyección de nuestra vida “cuando muera ¿qué decisión me habría gustado tomar hoy?… iluminar con el hecho de la muerte la decisión que debo tomar cada día” puntualizó el Santo Padre.

Fuente: ACI Prensa

Papa Francisco: La Liturgia de la Palabra es viva y no debe sustituirse en misa

El Papa Francisco fue enfático en su rechazo a la práctica de omisión o sustitución de las lecturas correspondientes a cada día según la Liturgia y el calendario establecido. Califica de peligrosa una acción que aparenta ser inocente pero “empobrece y compromete el diálogo entre Dios y su pueblo en la oración”

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Omitir o usar otras lecturas durante la Liturgia de la Palabra está prohibido, señala el Papa Francisco

Este fue el centro de la reflexión del Santo Padre durante la Audiencia General de este miércoles 31 de enero de 2018, donde mostró su preocupación ante la posibilidad de romper con la comunión eclesial, además de restar importancia a “una parte constitutiva, porque nos reunimos precisamente para escuchar aquello que Dios ha hecho y que todavía pretende hacer por nosotros”

La subjetividad o flexibilización de contenidos no es una opción cuando se trata de una Iglesia Universal que comparte en común una misma fe y que dicha unidad se manifiesta en la Liturgia Diaria.

“La proclamación litúrgica de las lecturas, con los cánticos obtenidos de las Sagradas Escrituras, expresa y favorece la comunión eclesial, acompañando el camino de todos y cada uno de nosotros” recordó el Papa al poner de manifiesto el poder unificador de ese diálogo de amor.

Destacó una vez más la necesidad de respetar la dignidad del ambón eligiendo muy bien a los lectores con debida preparación previa, “buscad buenos lectores, no esos que leen de cualquier manera y que no se les enriende nada”, enfatizó.

Francisco hizo especial mención al Salmo responsorial como fuente especial de reflexión y oración, destacando su importancia en el encuentro con la Palabra, “cuya función es facilitar la meditación de lo que escuchamos en las lecturas que lo preceden. Es bueno que el salmo se destaque mediante el cántico, por lo menos de la respuesta”

Finalmente el Santo Padre concluyó su catequesis recordando que en la Liturgia Diaria actúa el Espíritu Santo, siendo necesario “corazones que se dejen trabajar y cultivar”

Fuente: ACI Prensa

 

Evangelio del día: Juicio final: Ser juzgado por Dios en el amor

Mateo 25,31-46 – Conmemoración de los Fieles Difuntos: Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo
Evangelio según San Mateo 25,31-46

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El Juicio Final: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”. Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?” Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. Luego dirá a los de la izquierda: “Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron”. Estos, a su vez, le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?” Y él les responderá: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo”. Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna”. Palabra del Señor.

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Reflexión del Papa Francisco:

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El tiempo de espera de la llegada del Señor es el tiempo que Él se nos da, con misericordia y paciencia, antes de su llegada final, tiempo de la vigilancia; tiempo en que tenemos que mantener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad, donde mantener abierto nuestro corazón a la bondad, a la belleza y a la verdad; tiempo que hay que vivir de acuerdo a Dios, porque no conocemos ni el día, ni la hora del regreso de Cristo…

Lo que se nos pide es estar preparados para el encuentro: preparados a un encuentro, a un hermoso encuentro, el encuentro con Jesús, que significa ser capaz de ver los signos de su presencia, mantener viva nuestra fe, con la oración, con los Sacramentos, estar atentos para no caer dormidos, para no olvidarnos de Dios.

La vida de los cristianos dormidos es una vida triste, ¿eh?, no es una vida feliz. El cristiano debe ser feliz, la alegría de Jesús… ¡No se duerman!

La espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción. Nosotros somos el tiempo de la acción, tiempo para sacar provecho de los dones de Dios, no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los otros, tiempo para tratar siempre de hacer crecer el bien en el mundo…

Es importante no encerrarse en sí mismos, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, tener cuidado de los demás.

En el juicio final, el Señor será el pastor que separa las ovejas de las cabras. A la derecha se sitúan los que han actuado de acuerdo a la voluntad de Dios, que han ayudado al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, el enfermo, el encarcelado, el extranjero… Mientras que a la izquierda están los que no han socorrido al prójimo.

Esto nos indica que seremos juzgados por Dios en la caridad, en cómo lo hemos amado en los hermanos, especialmente los más vulnerables y necesitados…

No tengamos nunca miedo de mirar el juicio final; que ello nos empuje en cambio a vivir mejor el presente. Dios nos ofrece con misericordia y paciencia este tiempo para que aprendamos cada día a reconocerlo en los pobres y en los pequeños, para que nos comprometamos con el bien y estemos vigilantes en la oración y en el amor.

Que el Señor, al final de nuestra existencia y de la historia, pueda reconocernos como siervos buenos y fieles. Gracias. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 24 de abril de 2013, Audiencia general, plaza de San Pedro)

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Oración de Sanación

Señor, a caminar con valentía ante los nuevos desafíos que me va presentando la vida sabiendo que Tú intervienes en cada paso que doy.

Necesito que tu amor me acompañe con todas tus fuerzas para así asumir mis compromisos con valor y entusiasmo. Tú eres el motor de mi corazón.

Toma mis manos, prepáralas para la atención y el servicio. Como dijo San Juan de la Cruz: “en el atardecer de la vida seremos juzgados en el amor”.

Aquí me tienes Señor, quiero servirte con amor, ver tu rostro en los más necesitados y hacerles sentir tu cercanía y tu apoyo incondicional.

Para no fallarte, necesito de tu poder sanador, ser fiel a tus mandatos y estar lleno de tu bondad para poder irradiar esperanza y consuelo.

Sólo Tú, Dios de mi vida, llenas de pureza mi alma. Obras son amores, y quiero que mis obras sean en el mejor regalo de amor que pueda ofrecerte.

Gracias por tu actuación poderosa en mi vida, por darme parte de tu Gloria y por dirigir mis pasos con sabiduría. Quédate siempre cerca de mí.

Cuento con tu bendición y tu gracia que me bastan para entregar tu amor a todos los demás. Confío en tu poder hoy, mañana y siempre. Amén

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Propósito para hoy

Cumpliré con mis responsabilidades con alegría y sin quejarme si me asignan algo que parece injusto.

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Frase de reflexión

“Se me parte el corazón cuando pienso en los niños de Irak. Que la Virgen María, nuestra Madre, los proteja”. Papa Francisco

Catequesis del Papa Francisco sobre el Paraíso

Si la semana anterior el Papa Francisco dedicó su catequesis en la Audiencia General del miércoles a la “muerte”, en esta ocasión hizo lo propio con el “Paraíso”.

El Pontífice explicó que “el paraíso no es un lugar como en las fábulas, ni mucho menos un jardín encantado. El paraíso es el abrazo con Dios, Amor infinito, y entramos gracias a Jesús, que ha muerto en la cruz por nosotros”.

A continuación, el texto completo de la catequesis:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Papa mientras pronuncia la catequesis. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
Esta es la última catequesis sobre el tema de la esperanza cristiana, que nos ha acompañado desde el inicio de este año litúrgico. Y concluiré hablando del paraíso, como meta de nuestra esperanza.

«Paraíso» es una de las últimas palabras pronunciadas por Jesús en la cruz, dirigido al buen ladrón. Detengámonos un momento en esta escena. En la cruz, Jesús no está sólo. Junto a Él, a la derecha y a la izquierda, están dos malhechores. Tal vez, pasando delante de esas tres cruces izadas en el Gólgota, alguien exhaló un suspiro de alivio, pensando que finalmente se hacía justicia condenando a muerte a gente así.

Junto a Jesús esta también un reo confeso: uno que reconoce haber merecido aquel terrible suplicio. Lo llamamos el “buen ladrón”, el cual, oponiéndose al otro, dice: nosotros recibimos lo que hemos merecido por nuestras acciones (Cfr. Lc 23,41).

En el Calvario, ese viernes trágico y santo, Jesús llega al extremo de su encarnación, de su solidaridad con nosotros pecadores. Ahí se realiza lo que el profeta Isaías había dicho del Siervo sufriente: «fue contado entre los culpables» (53,12; Cfr. Lc 22,37).

Es ahí, en el Calvario, que Jesús tiene la última cita con un pecador, para abrirle también a él las puertas de su Reino. Esto es interesante: es la única vez que la palabra “paraíso” aparece en los evangelios. Jesús lo promete a un “pobre diablo” que en la madera de la cruz ha tenido la valentía de dirigirle el más humilde de los pedidos: «Acuérdate de mí cuando entraras en tu Reino» (Lc 23,42). No tenía obras de bien por hacer valer, no tenía nada, sino se encomienda a Jesús, que lo reconoce como inocente, bueno, así diverso de él (v. 41). Ha sido suficiente esta palabra de humilde arrepentimiento, para tocar el corazón de Jesús.

El buen ladrón nos recuerda nuestra verdadera condición ante Dios: que nosotros somos sus hijos, que Él siente compasión por nosotros, que Él se derrumba cada vez que le manifestamos la nostalgia de su amor. En las habitaciones de tantos hospitales o en las celdas de las prisiones este milagro se repite numerosas veces: no existe una persona, por cuanto haya vivido mal, al cual le quede sólo la desesperación y le sea prohibida la gracia. Ante Dios nos presentamos todos con las manos vacías, un poco como el publicano de la parábola que se había detenido a orar al final del templo (Cfr. Lc 18,13). Y cada vez que un hombre, haciendo el último examen de conciencia de su vida, descubre que las faltas superan largamente a las obras de bien, no debe desanimarse, sino confiar en la misericordia de Dios. ¡Y esto nos da esperanza, esto nos abre el corazón!

Dios es Padre, y hasta el último espera nuestro regreso. Y al hijo prodigo que ha regresado, que comienza a confesar sus culpas, el padre le cierra la boca con un abrazo (Cfr. Lc 15,20). ¡Este es Dios: así nos ama!
El paraíso no es un lugar como en las fábulas, ni mucho menos un jardín encantado. El paraíso es el abrazo con Dios, Amor infinito, y entramos gracias a Jesús, que ha muerto en la cruz por nosotros. Donde esta Jesús, hay misericordia y felicidad; sin Él existe el frio y las tinieblas. A la hora de la muerte, el cristiano repite a Jesús: “Acuérdate de mí”. Y aunque no existiese nadie que se recuerde de nosotros, Jesús está ahí, junto a nosotros. Quiere llevarnos al lugar más bello que existe. Quiere llevarnos allá con lo poco o mucho de bien que existe en nuestra vida, para que nada se pierda de lo que ya Él había redimido. Y a la casa del Padre llevará también todo lo que en nosotros tiene todavía necesidad de redención: las faltas y las equivocaciones de una entera vida. Es esta la meta de nuestra existencia: que todo se cumpla, y sea transformado en el amor.

Si creemos en esto, la muerte deja de darnos miedo, y podemos incluso esperar partir de este mundo de manera serena, con mucha confianza. Quien ha conocido a Jesús, no teme más nada. Y podremos repetir también nosotros las palabras del viejo Simeón, también él bendecido por el encuentro con Cristo, después de una entera vida consumida en la espera: «Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación» (Lc 2,29-30).

Y en ese instante, finalmente, no tendremos más necesidad de nada, no veremos más de manera confusa. No lloraremos más inútilmente, porque todo es pasado; incluso las profecías, también el conocimiento. Pero el amor no, es lo que queda. Porque «el amor no pasará jamás» (Cfr. 1 Cor 13,8).

Evangelio del día: Darse consuelo y ayudarse los unos a los otros

Lucas 12,39-48 – XXIX miércoles tiempo ordinario: Yo estoy seguro de que el Señor vive. Estoy seguro de que el Señor vendrá a verme
Evangelio según san Lucas 12,39-48

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La parábola del servidor fiel: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada. Pedro preguntó entonces: “Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?” El Señor le dijo: “¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: “Mi señor tardará en llegar”, y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles. El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más.” Palabra del Señor.

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Reflexión del Papa Francisco

papa francisco sonriendo

San Pablo afirma que el día del Señor llegará al improviso como un ladrón, pero también añade que Jesús vendrá a traer la salvación a quien cree en Él. Y concluye: Consuélense recíprocamente y sean de ayuda unos a otros. Y es precisamente este consuelo el que da la esperanza.

Éste es el consejo: “Consuélense. Consuélense recíprocamente”. Hablar de esto: pero yo les pregunto: ¿nosotros hablamos de esto, que el Señor vendrá, que nosotros lo encontraremos a Él? ¿O hablamos de tantas cosas, incluso de teologías, de cosas de Iglesia, de curas, de monjas, de monseñores, todo esto? Y nuestro consuelo ¿es esta esperanza?

Consuélense recíprocamente, consuélense en comunidad. En nuestras comunidades, en nuestras parroquias, ¿se habla de esto, que estamos en espera del Señor que viene? ¿O se habla de esto, de aquello, de aquella, para pasar un poco el tiempo y no aburrirse demasiado?”.

[…] Es verdad, Él vendrá a juzgarme y cuando vamos a la Sixtina vemos aquella bella escena del Juicio final, es verdad. Pero pensemos también que Él vendrá a encontrarme para que yo lo vea con estos ojos, lo abrace y esté siempre con Él.

Consuélense recíprocamente con las buenas obras y ayúdense unos a otros. Y así iremos adelante. Pidamos al Señor esta gracia: que aquella semilla de esperanza que ha sembrado en nuestro corazón se desarrolle, crezca hasta el encuentro definitivo con Él.

“Yo estoy seguro de que veré al Señor. Yo estoy seguro de que el Señor vive. Yo estoy seguro de que el Señor vendrá a verme”, y éste es el horizonte de nuestra vida. Pidamos esta gracia al Señor y consolémonos unos a otros con las buenas obras y las buenas palabras, por este camino (Homilía en Santa Marta. 24 de abril de 2013)

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Oración de Sanación

Señor, quiero crecer cada día teniendo como centro tu Verdad. Mirar hacia mis adentros, mis carencias y errores y permitir que conquistes mi corazón.

Mi fortaleza me viene de Ti, del Dios de la vida, un Dios amigo que ayuda con su gracia, a superar los abismos del rencor y de los malos deseos.

Confío en tu Palabra, en tu misericordia y en tu perdón. Confío en que aquel día vendrás como Juez justo y darás a cada uno según sus acciones.

Debo actuar con vigilancia y administrar bien los bienes que me has dado porque de ellos me pedirás cuenta. Ven, cincela mi vida y protege mi corazón

Cuento contigo, con tu mano poderosa que sostiene, levanta, impulsa y me capacita para seguir luchando por la salvación de mi alma y la de los míos.

Tú no dejas que me derrumbes; al contrario, me haces fuerte en la prueba. Pones una coraza indestructible a los que me adversan y pretenden dañarme.

Te entrego mis situaciones y mis dificultades para que me alivies y sanes todo lo que debo sanar para vivir apegado a tu justicia y tu verdad.

Confío en que este momento me ayudas a vencer todos los obstáculos para que pueda proclamarte como mi Rey y Señor para siempre. Amén

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Propósito para hoy

Por muy malos momentos que tenga, ofreceré mi trabajo con alegría por todas esas personas que no conocen el mensaje de Jesucristo

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Frase de reflexión

“El gran peligro en el mundo actual es el triste individualismo que nace del corazón avaro”. Papa Francisco