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Editorial SAN PABLO
 
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3 beneficios especiales de la confesión

El papa Francisco hizo una invitación a ver sólo el perdón del Padre Dios en la confesión, a través de un Jesús que no amenaza ni condena, como parte del ánimo que brindó durante la homilía de la Misa celebrada este martes 27 de febrero en la Casa Santa Marta.

El Sacramento de la confesión es un acto que muy pocos entendemos y conocemos a fondo. Los católicos, muchas veces no lo entendemos bien y los que no son católicos, pues menos lo entienden, reflexiona  Qriswell Quero, en el portal Píldoras de Fe.

¿Sabes qué es la confesión?:

La confesión es el Sacramento de la Reconciliación, un Sacramento instituido por el mismo Jesucristo para perdonar los pecados (Juan 20,21-23).

La confesión tiene 3 beneficios importantes: Perdona, Sana y Libera a todos aquellos que con sincero arrepentimiento se acercan a este sacramento.

La confesión perdona

Cuando alguien confiesa sus pecados con humildad y arrepentimiento, Cristo mismo le da su perdón y su amistad y lo reincorpora nuevamente en su gracia que con el pecado había sido interrumpida, y lo hace a través de uno de sus ministros, continuador del ministerio de los Apóstoles.

De los tres, el perdón es el más conocido y evidente pero ¿sabías que la Iglesia Católica, en el Catecismo, tiene catalogado al sacramento de la Confesión como un Sacramento de sanación?

La confesión sana

(Catecismo n° 1421): “El Señor Jesucristo, médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, que perdonó los pecados al paralítico y le devolvió la salud del cuerpo (Marcos 2,1-12), quiso que su Iglesia continuase, en la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y de salvación, incluso en sus propios miembros. Esta es la finalidad de los dos sacramentos de curación: del sacramento de la Confesión y el de la Unción de los enfermos.

La Iglesia lo afirma entonces: el Sacramento de la Confesión es un Sacramento de Sanación. Casi nadie sabe eso, ni lo toman en consideración a la hora de sanar heridas emocionales. La Confesión es fuente de Sanación y todos tenemos que aprovecharla.

 

La confesión libera

 

Hay también otras enfermedades que las causa el demonio.

Marco 5,9-15 – Curación del endemoniado de Gerasa

“Jesús le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?». El respondió: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos». Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región. Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: «Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos». Él se lo permitió.

Entonces, la Confesión también te libera: Las ataduras del demonio quedan rotas con el perdón de los pecados.

Jesús sanó de estas 3 formas:

  • Perdonando pecados,
    • Sanando físicamente
    • Expulsando demonios (liberando)

El Sacramento de la Confesión: perdona, sana y libera. ¿Por qué entonces somos tan renuentes de ir a la confesión?

A veces no somos conscientes de las faltas que hemos cometido y, al meditar en la pasión a través de los vía crucis, podemos llegar a descubrirlo. En  nuestra Librería Virtual SAN PABLO tenemos algunos textos que pueden ayudarte en el siguiente link los consigues  http://bit.ly/2ogxtII

 

Fuente: Píldoras de fe

 

¿Perdona Dios si confiesas el mismo pecado una y otra vez?

Tal como invoca el salmo más famoso de toda la historia, el que comete falta y tiene presente su pecado, implora el perdón “porque yo reconozco mi culpa y tengo presente mi pecado” confesión que refleja el salmo 50 y en su paso por la tierra Jesús mismo también invitó a perdonar setenta veces siete. ¿Por qué no sucedería igual de parte de Dios hacia nosotros?

Esta misma interrogante fue planteada por un lector a aleteia.org “Dios perdona siempre al pecador arrepentido. Si el arrepentimiento es sincero, no hay límite en el número de veces que se puede recibir el perdón divino en el sacramento de la Penitencia, y eso no cambia aunque se repita el tipo de pecado” respondía el portal a la inquietud sobre el perdón ante un pecado reiterativo.

Sin embargo, insisten en aclarar que  “no hay pecado sin quererlo. Siempre hay una intervención de la voluntad consintiéndolo; de lo contrario, no se podría hablar de pecado”, haciendo énfasis en un propósito de enmienda real y si hay recaída; un arrepentimiento sincero.

“Lo que sucede en realidad es que el ser humano depende mucho –desde luego, más de lo que solemos estar dispuestos a reconocer- de los hábitos. Éstos, según sean buenos o malos, facilitan o dificultan el buen comportamiento” explica el portal dando respuesta al planteamiento sobre la reincidencia de un mismo pecado. Debe por tanto, descubrirse la raíz del mismo y proponerse cambios del hábito que conduce al vicio o pecado.

¿Sólo con Dios o ante el sacerdote?

Por su parte, en el 2014 en una de sus acostumbradas catequesis en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco explicó la importancia y la necesidad de confesarse y hacerlo bien porque “alguno puede decir: ‘Yo me confieso solamente con Dios’. Sí, tú puedes decir a Dios: ‘Perdóname’, y decirle tus pecados. Pero nuestros pecados son también contra nuestros hermanos, contra la Iglesia y por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia y a los hermanos, en la persona del sacerdote”, explicaba el Santo Padre.

Además se trata de una experiencia individual liberadora “Cuando yo voy a confesarme, es para sanarme: sanarme el alma, sanarme el corazón por algo que hice no está bien. El ícono bíblico que los representa mejor, en su profundo vínculo, es el episodio del perdón y de la curación del paralítico, donde el Señor Jesús se revela al mismo tiempo médico de las almas y de los cuerpos” manifestaba el Papa compartiendo su propia vivencia.

Evangelio del día: Dios perdona con caricias, amor y ternura

Mateo 9,1-8 – XIII jueves tiempo ordinario: Tus pecados te son perdonados. Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa
Evangelio según San Mateo 9,1-8
 

Dios perdona por su inmensa misericordia: “Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: “Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados”. Algunos escribas pensaron: “Este hombre blasfema”. Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: “¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate y camina”? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados – dijo al paralítico – levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

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La misericordia es algo difícil de comprender. Alguien podría decir: “Pero, Padre, la misericordia ¿borra los pecados?”. “No, lo que borra los pecados es el perdón de Dios”

La misericordia es el modo con que Dios perdona. Porque Jesús podía decir: “Yo te perdono. Ve”, como dijo a aquel paralítico que le habían presentado desde el techo: “¡Te son perdonados tus pecados!”. Aquí dice: “¡Ve en paz!”.

Jesús va más allá. Aconseja que no peque más. Aquí se ve la actitud misericordiosa de Jesús: defiende al pecador de sus enemigos; defiende al pecador de una condena justa.

También nosotros, cuántos de nosotros, quizá deberíamos ir al infierno, ¿cuántos de nosotros? Y esa condena es justa… y Él perdona más allá. ¿Cómo? ¡Con esta misericordia!.

La misericordia va más allá y hace la vida de una persona de tal modo que el pecado es arrinconado. Es como el cielo.

Nosotros miramos el cielo, tantas estrellas, tantas estrellas; pero cuando sale el sol, por la mañana, con tanta luz, las estrellas no se ven.

Y así es la misericordia de Dios: una gran luz de amor, de ternura. Dios perdona pero no con un decreto, sino con una caricia, acariciando nuestras heridas del pecado. Porque Él está implicado en el perdón, está implicado en nuestra salvación. (Homilía en Santa Marta, 07 de abril de 2014)

Oración de sanación

Señor mío, aumenta mi fe de tal modo que yo siempre pueda fiarme de tu providencia y de tu infinito poder para alcanzar todos mis objetivos.

Bendice a cada uno de los que amo y que me ven como su apoyo, no quiero fallarles. Cobija mi corazón y dame fuerzas para ser luz para todos ellos.

Que a través de mis acciones, Tú les hagas sentir todo el poder sanador de tu perdón y de tu amor y que pueden superar cualquier problema a tu lado.

Quiero vivir y sentir tu presencia en mi vida. Ábreme el corazón al perdón para desechar todo resto de dolor que me hace guardar rencor.

Quiero renovar hoy mi alianza Contigo. Confiar en tus bendiciones, en que me proteges con tu divino amor para que ningún mal pueda hacerme daño.

Sé que no me abandonarás, aunque vuelva a fallarte una y otra vez, y mis errores me pesen de por vida. Tu poder me levanta y me brindas vida nueva.

Tú eres mi Refugio que purifica y santifica mi corazón. Te pido que abras caminos de esperanza para mí y me ayudes a vencer las dificultades.

Necesito de la guía de tu Espíritu Santo para poder corresponder con amor a todas tus obras y descansar feliz en tu presencia. Amén

Propósito para hoy

Antes de iniciar mis actividades diarias pedir humildemente: ¡Ven Espíritu Santo! inflama mi corazón con el fuego divino de tu amor. Amén

Frase de reflexión

“El Crucifijo no nos habla de derrota, de fracaso; nos habla de un Amor que vence al mal y al pecado”. Papa Francisco