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Sebastián de Antuñano: El hombre que lo dio todo por el Señor de los Milagros

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28 Oct

Cada mes de octubre, una marea morada recorre las calles de Lima. El sonido de las campanas, el olor a sahumerio y el peso sobre los hombros de miles de hermanos cargadores traen a la memoria la fe inquebrantable de un pueblo. Sin embargo, detrás del esplendor de este culto que traspasa fronteras, existe una historia humana de entrega absoluta, silencio y servicio que todo devoto —y muy especialmente quien viste el hábito nazareno— debe conocer.

Hablamos de don Sebastián de Antuñano y Ribas, un ilustre español que, lejos de buscar renombre o beneficios personales, se convirtió en el gran articulador y custodio de la devoción al Señor de los Milagros.

En las páginas del libro Con los ojos fijos en el Señor, escrito por el P. Pedro Hidalgo Díaz y editado por Editorial SAN PABLO, se rescata con rigor y sensibilidad histórica y espiritual la figura de este hombre cuyo ejemplo sigue interpelando nuestro compromiso de fe.

Un llamado interior que cambió el rumbo de su vida

Nacido en Balmaseda (Vizcaya) entre 1651 y 1652, Sebastián de Antuñano llegó al Perú a temprana edad en busca de fortuna y horizontes prósperos. Hombre honrado y trabajador, logró formar un patrimonio considerable. Sin embargo, Dios tenía trazado para él un camino muy distinto.

Años antes, mientras oraba en Madrid ante el Santo Cristo de la Fe, Antuñano experimentó un fuerte impulso interior: la certeza de que debía cuidar una obra que daría gran honra y gloria a Dios. Pero no fue sino hasta julio de 1684, tras realizar los Ejercicios Espirituales con los padres jesuitas, cuando su misión cobró rostro definitivo.

Al visitar la humilde ermita de Pachacamilla para orar ante el Cristo Moreno, escuchó una voz en su corazón que transformaría su existencia para siempre:

«Sebastián, ven a hacerme compañía y a cuidar del esplendor de mi culto».

Antuñano no dudó. Respondió ofreciéndose como esclavo del Señor y poniendo a su servicio toda su vida, sus bienes y sus fuerzas.

Guardián y benefactor: El sacrificio por el Santuario

La labor de Sebastián de Antuñano no fue fácil. Para asegurar que el culto se mantuviera en el seno de la Iglesia y proteger el lugar de intereses particulares, empeñó toda su riqueza. Adquirió a precios elevados los terrenos colindantes a la capilla original —soportando regateos, incomprensiones e incluso injustas acusaciones de quienes dudaban de su rectitud.

Con un estilo de vida humilde, vistiendo de pardo y viviendo prácticamente como un ermitaño en el mismo recinto, trabajó incansablemente para adecentar el lugar y levantar la capilla. A él le debemos la preservación del predio que más tarde legaría a la Madre Antonia Lucía del Espíritu Santo y que hoy constituye el emblemático Santuario y Monasterio de las Madres Nazarenas Carmelitas Descalzas.

Como señala el historiador P. Rubén Vargas Ugarte SJ y rescata el P. Pedro Hidalgo Díaz en su obra, Antuñano fue el hombre providencial que dio inicio a la organización y consolidación del culto público al Cristo Crucificado.

Una lección viva para los que portan el hábito morado

La vida de Don Sebastián de Antuñano nos deja una enseñanza profunda, válida para todo cristiano, pero de manera especial para los hermanos cargadores, sahumadoras y cantoras que cada año visten el paño morado:

  1. Servir sin buscar protagonismo: Antuñano gastó su caudal y su salud por el Señor, sin pretender honores. Portar el hábito o poner el hombro bajo las sagradas andas debe ser siempre un acto de humildad, no de ostentación.

  2. Cuidar el esplendor del culto: El verdadero devoto cuida la dignidad de la oración, el respeto al Santuario y la vivencia comunitaria de la fe.
  3. Fidelidad en la prueba: Ante las contradicciones y dificultades de la vida, Antuñano mantuvo «los ojos fijos en el Señor», recordándonos que las obras de Dios se consolidan en la paciencia y la perseverancia.

Profundiza en nuestra historia de fe

Comprender la devoción al Señor de los Milagros es adentrarse en testimonios de fe viva que han marcado la identidad de toda una nación.

Te invitamos a descubrir más detalles, pasajes históricos y reflexiones teológicas sobre el Cristo de Pachacamilla en el libro "Con los ojos fijos en el Señor", escrito por el P. Pedro Hidalgo Díaz. Una obra indispensable para enriquecer el espíritu y renovar el compromiso con Aquel que todo lo puede.

Encuentra Con los ojos fijos en el Señor en todas las librerías de Editorial SAN PABLO y en nuestra tienda virtual. ¡Haz que tu devoción se alimente con conocimiento y oración!

 

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