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De la India para el Mundo

05 Sept

La Madre Teresa de Calcuta es un ejemplo de abandono en Dios que impresiona: católicos y no católicos en el mundo conocen o han oído hablar de ella y reconocen su trascendencia. Igualmente, hoy su tumba es visitada por gente de diferentes credos y es en sí un símbolo de unidad de culturas.

¿Cuál es el motivo de tanta consideración y reconocimiento? Haber escuchado la voz del Señor, quien le hizo vivir y dar su vida por los pobres de Calcuta, un lugar cuyo nombre era sinónimo de miseria absoluta, hasta que ella se dedicó a vivir para los pobres de allí y logró que aquellos entre los que vivió recuperasen mucho de la auténtica dignidad de hijos de Dios.

Su vida no fue fácil, de hecho, ella misma narra que, a pesar de haber sentido un “llamado dentro del llamado”, -primero fue misionera en el Instituto de la Beata Virgen María (conocido como Loreto), y luego el 16 de septiembre de 1946, viajando a Darjeeling, recibió la inspiración de servir a Jesús a través de los pobres- también vivió lapsos de oscuridad en los que llegó a dudar de Dios, pero se mantuvo fiel a sus promesas. El resultado de estas etapas fue que Dios acrisoló su fe y la hizo aún más capaz de servir. El mismo san Juan Pablo II llegó a pedirle que lo representase en los sitios a donde él no pudiese ir físicamente.

Una de sus más importantes obras fue la de dedicarse a rescatar a los niños pobres y abandonados, a pedir que no abortasen a las mujeres que se veían sin esperanza y con deseos de impedir que esas vidas viniesen al mundo. Pedía no matarlos sino dárselos a ella, lo cual testimonia el gran abandono que tuvo siempre en la Providencia Divina.

Cada vez que se enfermaba y se veía al borde de la muerte, su mayor petición era que la atendiesen como a los pobres, que no le tuviesen ninguna consideración especial, que la dejasen morir como pobre si esa era la voluntad de Dios. Cuando una periodista quiso hacerle ver que, en relación al total de la población mundial, la cantidad de pobres que ella estaba atendiendo no llegaba ni al uno por ciento, ella muy serenamente se limitó a decir una de sus frases más célebres: “es mejor encender una vela, que maldecir la oscuridad”.

Diácono Javier Enrique Gómez Graterol, SSP

“Buscar el rostro de Dios en todo, en todas las personas, en todo momento, y su mano en todo acontecimiento; esto es lo que significa ser contemplativo en el corazón del mundo. Ver y adorar la presencia de Jesús, especialmente en la humilde apariencia del pan, y en la angustiosa forma de los pobres.

(En el corazón del mundo, Santa Teresa de Calcuta).”

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