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III Semana de Adviento: Alegría Cristiana Siempre

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08 Dic

El 3er Domingo de Adviento es conocido como el “Domingo de la Alegría” y nos invita a regocijarnos en el Señor, porque su venida se acerca.

La alegría cristiana tiene un fundamento: la certeza de que Jesús es la Luz que ilumina los caminos y las realidades, es el Mesías y Profeta que bautiza en el Espíritu Santo para recrear a la humanidad según el plan de Dios.

Juan el Bautista fue testigo, como nadie, de la venida de esa Luz. Su misión inspira a todo cristiano a vivir como testigo de la Luz. Porque Jesús es el principio, el fin y el centro; y nuestra misión sólo tiene sentido si está cimentada en Jesús y dirigida a él.

El verdadero encuentro con Jesús nos lleva a reconocerlo como el que viene de Dios en la dignidad del Mesías. Es un encuentro que conduce necesariamente al encuentro con los demás, especialmente con los pequeños, a los que Jesús vino a revelar la Buena Noticia.

El Adviento es un tiempo especial para preparar el camino del Señor. Nos preparamos a su venida preparando nuestro corazón, con una conversión de la mente, asumiendo hoy los mismos sentimientos de nuestro Señor.

Entonces podemos ser, como Juan Bautista, una voz profética que, transformando el corazón, ilumina y transforma las realidades. Porque nuestro bautismo es en el Espíritu, que transforma y santifica. Y no puede haber mayor alegría para los cristianos que encontrar a Jesús encontrándose con los más pequeños del Reino.

El mundo está cansado de palabras y falta de testimonios. Evangelizar es testimoniar la alegría de seguir a Jesús, es expresar la certeza de que Dios viene a caminar con nosotros y nos ayuda a difundir la luz de su proyecto de vida, superando las tinieblas de la injusticia y de la muerte.

De hecho, la alegría cristiana es una de las expresiones más auténticas de nuestra fe, y llegamos a ella asumiendo actitudes fundamentales como la del Buen Pastor o la del Buen Samaritano. Porque la alegría verdadera y duradera la sentimos sólo a través de los más pobres y necesitados, y esto sólo es posible si buscamos e incluimos a esas personas en nuestra vida.

P. José Carlos de Freitas Júnior, SSP

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