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Jesucristo, Rey del Universo

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22 Nov

Hoy celebramos a Cristo como Rey bondadoso y sencillo, que enviando su Espíritu guía a su Iglesia peregrina con la misión de transformar las relaciones por el Amor y restaurar la Creación. Festividad instaurada en 1925 por el papa Pio XI, culmina el Año Litúrgico proclamando que Jesús es Pastor y Rey del Universo.

Podremos pensar que el Reinado de Dios en el mundo solo llegará después de la muerte, pero Jesús nos invita a testimoniar su misión y nos devuelve la posibilidad de acoger y establecer “su Reino de Verdad y de Vida, Reino de Santidad y de Gracia; Reino de justicia, de amor y de paz. El Reinado de Dios ya está en el mundo... por eso Jesús nos enseñó a orar confiadamente ¡VENGA A NOSOTROS TU REINO!

Y el Profeta Ezequiel nos recuerda “Como un pastor sigue el rastro de su rebaño, así seguiré su rastro; las libraré de los nubarrones y de la oscuridad. Yo mismo las apacentaré... yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.

El criterio de selección será: “Lo que hiciste con el más pequeño Conmigo lo hiciste”. Por eso Jesús pide al Padre: “cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como el Padre y Yo somos Uno… Yo los he elegido para que den fruto…”. Ámense unos a otros como Yo los he amado… hasta dar la vida…”

Desde pequeños, rogamos al Padre Dios que venga su Reino a nuestro mundo ya a nuestra vida, porque Dios nos ha confiado el avance de su Reino en la tierra. Sin embargo, muchas veces el individualismo olvida el bien común, el ansia de consumir ferozmente no percibe lo que es necesario de lo que no; el afán desmedido por ser el “mejor” nos impide buscar la colaboración y nos arrastra por caminos equivocados.

Esta fiesta nos recuerda que nos merecemos otro mundo y que éste es posible, si tenemos como referente a Jesús de Nazaret y a Dios Padre como aliento de esperanza que inspira y moviliza a la solidaridad y justicia entre las personas y los pueblos.

Anunciar el Reino implica aliviar el sufrimiento del hermano, respetar la vulnerabilidad del otro, dar aliento a todos; hacerme prójimo del que me necesita; transformando el ver por el mirar; el deseo de hablar por la pausa de escuchar. Siempre con coraje, con sencillez, con serenidad, movidos por la gratuidad del amor de Jesús a toda criatura…

Esta celebración nos llama a una solidaridad encarnada y a tejer cotidianamente la unidad profunda con Jesús y los hermanos. ¡Así se consumará el misterio de la redención humana y de la Creación renovada!

Margarita Recavarren Elmore, rscj

Religiosa del Sagrado Corazón

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