La alegría de la primera Navidad se centra en Belén. Esta pequeña aldea de Judá se convierte en el escenario de una alegría que trastoca la historia. Allí, en la humildad de un pesebre, nace el Mesías esperado.
La alegría de Belén es de naturaleza teológica: es una alegría que se cumple. Esta alegría ya había sido esperada por profetas como Miqueas, quien anunció que un pastor que guiaría a su Pueblo nacería en esa ciudad (Mi 5, 1-3).
La Alegría en el Evangelio
- Los Magos (Mateo):
- El evangelio de Mateo presenta a unos magos que, al ver la estrella, "se llenaron de inmensa alegría" (Mt 2, 10).
- Esta alegría no es una emoción superficial, sino que nace del descubrimiento del sentido: la estrella los guía al Rey recién nacido.
- Su alegría brota del encuentro.
- La alegría de Belén, en este relato, es la de quienes buscan y encuentran, y la de quienes reconocen la salvación prometida en un niño.
- Mateo subraya que la alegría mesiánica es universal, ya que los magos son paganos y no judíos.
- Los Pastores (Lucas):
- Lucas ofrece la escena del anuncio angelical a los pastores (Lc 2, 8-14).
- El ángel proclama: "Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy les ha nacido un Salvador".
- Dios se revela primero a los humildes, los marginados de la sociedad, y les confía el mayor anuncio: el Salvador ha nacido.
- Esta alegría se vuelve contagiosa: los pastores corren, encuentran al niño y lo dan a conocer.
- El cielo se abre, y una multitud canta: "¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz!" (Lc 2, 14).
- Es la alegría que une cielo y tierra, lo invisible con lo visible, lo eterno con lo cotidiano.
Belén representa el punto de encuentro entre la promesa y su cumplimiento, entre la búsqueda y el hallazgo, y entre el cielo que canta y la tierra que se regocija. En tiempos de tristeza o desesperanza, la alegría de Belén nos recuerda que Dios ha venido a habitar entre nosotros, y eso lo cambia todo.
Luis Eduardo Breña Solano, SOBICAIN Perú