Con la llegada de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a renovar nuestra comunión con Cristo a través de la oración, el ayuno y la limosna. La tercera, en su dimensión de caridad auténtica.
El papa León XIV afirma, en su exhortación Dilexi te, que: «…como cristianos, no renunciamos a la limosna. Es un gesto que se puede hacer de diferentes formas, y que podemos intentar hacer de la manera más eficaz, pero es preciso hacerlo. Y siempre será mejor hacer algo que no hacer nada. En todo caso nos llegará al corazón. No será la solución a la pobreza mundial, que hay que buscar con inteligencia, tenacidad y compromiso social. Pero necesitamos practicar la limosna para tocar la carne sufriente de los pobres.» (DT, 119). También resalta que «La limosna —aunque a veces descuidada o reducida a un signo simbólico— es un acto que manifiesta la fe viva y el amor de la Iglesia hacia los hermanos en necesidad. No se trata de gestos voluntaristas aislados, sino de transformar mentalidades y estructuras que generan exclusión» (DT, 120)
Que esta Cuaresma seamos, entonces, una comunidad que practica la limosna desde la fe y la fraternidad sincera, que siente la pobreza de los otros como propia, que transforma el silencio de la oración en un signo de comunión y el ayuno en espacio para ir al encuentro de quien nos necesita y nos espera.
P. Alberto Scalenghe, ssp